Y ahí estaba aquel arlequinesco hombre,
en medio de la plaza regalaba una sonrisa a quien pasara,
la gente lo ignoraba sin verle la cara,
y continuaba dando el espectáculo a su nombre.
Reía y divertía a algunos presentes,
yo le miro en ocasiones para sacar conclusiones.
Aquellos movimientos me hicieron ver.
Algo que los demás no pueden conocer.

Fue intrigante sus exageradas actuaciones.
Todos lo evadían sin consideraciones.
Y exhaustivamente trataba de sacar la sonrisa
que sus rostros ocultaban por tristeza.
Sonreía y se movía de aquí para allá.
De su sombrero negro emanaba felicidad,
pero todos parecían ignorarla.
Y él seguía intentando con severidad
sobrevivir a ese lado oscuro de su sonrisa.
Lágrimas caían hacia el sombrero,
nadie se percataba de la causa.

Un soñador llorando por dentro,
brindando una oportunidad de diversión,
a los que necesitan un respiro
para continuar con su vida de confusión.
Me vi reflejado en el arlequinesco sujeto,
que sonreía mientras todo se derrumbaba a su alrededor,
con la diferencia que de todo esto,
él desconocía que el disgusto provenía de ser un loco bailador…
Pero uno sabe de su condición,
que sonríe a pesar de su interna destrucción.
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Si crees que algo no va bien en tu vida, entonces haz este test para saber si eres una persona autodestructiva.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Mauricio F. Corridan.

