
A continuación, te compartimos “Problemas de gotera” de Fernanda González, cuento sobre el desamor y el dolor que parece no acabar cuando algo se nos rompe dentro.

PROBLEMAS DE GOTERA
Antes yo os amaba. Hamlet ha asesinado a Polonio. La voz retumbaba desde el centro del pecho y se escapaba por los oídos. Ofelia sentía que lo escuchaba por primera vez, sin importar que recordaba las palabras. Esa noche trató de dormir, como uno trata de levantarse de una silla cuando no quiere retirarse de la mesa. Tras despertar de algo que no había sido sueño ni una pesadilla palpó sus ropas de dormir y las sintió húmedas. Las lágrimas habían alcanzado su corazón. Las limpió de sus mejillas, pero sólo encontró un espejismo dentro de tierras áridas. Ofelia se levantó de su cama y escuchó ploc, ploc, ploc. La luz de la vela era débil, sólo lograba percibir las vagas sombras que emanaban. Sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad. Examinó su habitación, no encontró nada fuera de lo ordinario. Y de nuevo ploc, ploc, ploc. No importaba a dónde se moviera en busca del sonido, se escuchaba igual de fuerte e insistente. Ploc, ploc, ploc. Espantada tocó su pecho y lo sintió húmedo. Miró su mano teñida de rojo escarlata. Rápidamente observó sus ropas, estaban blancas. Es la falta de sueño. Se dirigió a su cama y de nuevo ploc, ploc, ploc. Permaneció inmóvil y el ruido calló. Se recostó con cuidado.
La habitación continuó en silencio por un rato. En menos de una hora la sangre se desbordó. Ploc, ploc, ploc. Ofelia se levantó. Lo único que pudo percibir en la oscuridad fue la tinta escarlata que ahogaba a su mano. La joven se retiró la ropa y se miró desnuda frente al espejo. Observó que debajo de su pecho izquierdo había un pequeño hoyo del cual salían las gotas. Ofelia se puso un vestido, hizo un pequeño agujero justo en el pecho izquierdo y con su dedo índice tapó la gotera. Tengo que cansarme. Salió a caminar por los jardínes acompañada del ploc, ploc, ploc. Ofelia no soportaba el ruido. Trató de tapar el agujero con todo lo que encontró en su camino, pero sólo eran soluciones temporales, hasta que arrancó una pequeña violeta que se topó. La gotera se detuvo. Pero pronto la violeta se transformó en dos, seis, diez, hasta que el cuerpo de Ofelia se convirtió en una enredadera. La gotera salió convertida en cascada. La sangre de Ofelia golpeó la tierra y se abrió pasó impetuoso, creando un arroyo alrededor de ella. Las flores daban vida nuevas raíces y no le permitieron moverse.
La luna pintaba de un color plata el arroyo que se formaba.
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