«Para una mente bien preparada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura»
-Albus Dumbledore (“Harry Potter and the Sorcerer’s Stone”)
Hoy todos conocemos el trágico y necesario destino del director de Hogwarts, y la muerte sí fue su siguiente gran aventura, pero tras finalizar el séptimo libro en la habitación 552 del hotel Balmoral en Edimburgo (Habitación que hoy lleva su nombre) y firmar un busto de mármol en el que escribió que ahí terminó de escribir “Harry Potter and the Deathly Hallows”, JK Rowling, en un sentido literario, debió morir.

La muerte del autor
No estoy deseando la muerte a la escritora que hizo de mí y de millones de otros niños nacidos en los noventa y después, amantes de la lectura. No, hablo de una muerte simbólica estipulada por Roland Barthes, teórico literario, en su ensayo de 1967 titulado “La muerte del autor”. Según el pensador francés, un texto no es del autor, pues éste está muerto. La muerte del autor es una idea propia del deconstructivismo, por lo que las reglas literarias comunes se transgreden. Para Barthes, Rowling no debería adentrarse de forma tan personal en sus textos, pues un la vida de un autor no debe contextualizar la obra. Claro, es difícil no pensar en Harry Potter como la obra de una mujer de escasos recursos que usó esta historia para salir de una profunda depresión, misma que se manifestó en la figura de los dementores dentro del libro y muchos más datos curiosos que hemos aprendido acerca su creación y su vínculo con la escritora, pero eso no implica que sea lo ideal.

El final original
Harry Potter, en esencia termina 19 años después de la Batalla de Howarts. Él, junto a sus mejores amigos y su esposa, se despiden de la nueva generación que comienza su vida en Howarts. Un cierre satisfactorio que dejó intrigado a millones, pues querían saber el destino de otros personajes, incluso qué es lo que hacían los protagonistas. Poco a poco Rowling reveló ciertos secretos que fueron bien recibidos. Harry cumplió su sueño de ser auror junto a Ron, Hermione luchó por los derechos de los elfos y libró batallas burocráticas e intelectuales en el Ministerio de Magia, e incluso vimos un árbol genealógico de los principales personajes y las familias que formaron. Pero así como la mercadotecnia explota al séptimo arte y transforma una gran película en una franquicia cuyo objetivo es hacer dinero, parece que la presión sobre Rowling de mantener vivo el universo de Harry Potter la llevó demasiado lejos.

La negativa a dejarlo
Poco a poco fuimos conociendo, vía Twitter, información nueva de Harry Potter. Tal fue el recibimiento que pronto se creó el sitio Pottermore, en el que todo lo relacionado a Harry Potter era incluido, pues entre tantos fanfictions y teorías en la web, la curaduría de la historia oficial debía ser expuesta. Pronto el universo de JK Rowling parecía expandirse para competir con el de su referencia directa más clara, “El señor de los anillos”. Datos, leyendas, biografías y más fueron agregándose, y aunque hay quienes reciben cada dato con orgullo y lo incrementan a su lista para ser los máximos conocedores del ahora titánico universo de Harry Potter, la esencia original de los siete libros se ve cada vez más diluida.

Barthes propone que el único elemento relevante en el texto es el lector, por lo que el autor debe estar lo más alejado posible. El autor está muerto, pues un texto es un conjunto de ideas previas que no son originales de una persona. Así es como podemos ver que los elfos, dragones, magos y más ya aparecían en “El señor de los anillos”, que a su vez J.R.R. Tolkien tomó de otros autores para formar la Tierra Media.
De esta forma, JK Rowling debería aceptar su muerte y dejar que el mundo que ayudó a crear descanse en paz. Las ironías son grandes en esta historia, pues incluso la teoría de Barthes se pone en juego con el destino que ha tenido la saga del joven mago. Los fanfics antes mencionados apoyan la teoría de que no hay sólo un autor, pues cada historia es una nueva versión de lo que existe en el universo que Rowling creó. Ciertos textos se volvieron tan famosos que muchos fans comenzaron a considerarlos parte oficial de la historia (canon), por lo que pronto se anunció una nueva trilogía cinematográfica relacionada al mundo mágico y una obra de teatro; la segunda incluso es una continuación directa de los libros de Harry Potter.
“Harry Potter and the Cursed Child” (SI NO CONOCES LA HISTORIA DE “THE CURSED CHILD” AQUÍ HAY SPOILERS)
La ironía de Barthes y Rowling es que ella dejó la nueva historia en otras manos. En un afán de continuar con la “versión oficial” puso en las manos de Jack Thorne el guión de la obra de teatro, siendo otro autor el encargado de llevar a cabo dicha tarea. Es entonces cuando muchos tomaron una decisión, matar simbólicamente al autor de Harry Potter y quedarse solamente con la historia de los siete libros. Si el autor no muere, es la libertad del lector optar por su muerte y evitar futuras transgresiones a la obra original. “The Cursed Child” transforma la epopeya de Rowling en un extraño sitcom digno de Warner Channel. Harry tiene miedo a las palomas, Ron es un personaje plano que es relegado a ser un escape cómico en la obra y Voldemort, villano cuya alma fue ultrajada y es incapaz de amar, tiene una hija.

Es notable que la obra parece más una continuación de las películas y no de los libros, y que es imposible juzgar el producto final a partir de un guión y no de la experiencia completa en el Place Theatre en Londres, pero tras nueve años desde la última publicación, que para muchos representó el mejor trabajo literario de Rowling, el guión de una obra es un mal chiste e incluso un insulto para quienes crecieron con las historias de Harry Potter.

Puede sonar a una exageración, pero incluso la teoría literaria respalda el hecho de que JK Rowling ha llevado demasiado lejos su obra. Es comprensible que debido al negocio que Harry Potter representa, existan videojuegos, parques temáticos, figuras de acción, tiendas de ropa y más; pero el ejercicio artístico, al continuar como objeto de mercado pierde su valor. Rowling nos ha dado una historia llena de enseñanzas que apreciaremos toda la vida y el valor de su obra siempre será grande por lo que ha logrado a nivel mundial, pero tal vez es hora, antes de que las bromas que se hacen en Internet acerca de su manía por revelar más secretos sea una realidad.
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