
Por increíble que parezca el famosísimo Manual de Carreño, sigue siendo un referente de “buena educación” o “buenos modales” en Latinoamérica, a pesar de haber sido escrito hace casi 200 años aún se sigue publicando, ¿en qué radica el éxito de este compendio de reglas y convenciones sociales?
El Manual de Carreño
Al Manual de Carreño también se le conoce como Manual de la Urbanidad o Manual de Urbanidad y Buenas Maneras para jóvenes y fue un libro escrito por Manuel Antonio Carreño el diplomático venezolano y pedagogo (1812-1874) en el año de 1853. El libro tuvo tanta aceptación en el siglo XX que durante muchos años fue utilizado como un libro de educación en las escuelas primarias de España.
Foto: Eje 21Este texto de casi 300 páginas es una especie de manual para comportarse en sociedad y enlista una serie de consejos de urbanidad y etiqueta que van desde el cortejo, baile, saludar, hablar en público, aplaudir, llevar un ataúd, entre muchos otros. Originalmente el libro estaba dividido en dos partes: “Deberes morales del hombre” y “Urbanidad”, los cuales contenían capítulos con lecciones específicas según distintas situaciones donde se enlistan y justifican las normas propuestas.
Por ejemplo, en una cita formal, el Manual de Carreño sugiere las siguientes reglas:
«No es lícito a un caballero invitar a bailar a una señora con quien no se tenga amistad».
«Jamás empleemos los dedos para limpiarnos los ojos, los oídos, los dientes, ni mucho menos las narices. La persona que lo hace excita un asco invencible en los demás».
«Los vellos que nacen en la parte interior de la nariz deben recortarse cada vez que crezcan hasta asomarse por fuera».
«La costumbre de andar por la calle con un perro es enteramente impropia de personas bien educadas».
«Hay personas que al eructar acostumbran soplar fuertemente hacia un lado; lo cual es añadir una circunstancia todavía más repugnante al acto mismo».

«Quienes sin tener disposición ni conocimientos necesarios toman parte en un baile, no hacen otra cosa que servir de embarazo y de incomodidad a los bailadores hábiles».
«Es una imperdonable grosería el separar del pan parte de su miga, para traerla entre las manos, formar pelotillas y arrojarlas a las personas».
«El aplauso en las comedias debe ser corto y en las tragedias más largo». «Lavarse las manos antes de comer».
«La persona invitada a una cena o un cóctel debería presentarse con un regalo o algún detalle».
«Se debe prestar atención a quién habla y no se debe tomar puntos de vista muy extremos sobre política, sexo o religión».

«Se debe dejar el baño tan pulcro y ordenado como lo encontró».
«Debe aprender a recibir cumplidos modestamente y sin rechazarlos nunca».
«Masticar chicle, tener un cigarro en los labios mientras se habla, usar rolos de cabello en público, tener las uñas sin esmalte o descaradas, una línea demasiado dramática entre el maquillaje y el color de piel y comer ruidosamente».
«Cuidemos de que nuestro calzado esté siempre limpio y con lustre».
Si bien hay muchas reglas que siguen estando vigentes, hay muchas más reglas obsoletas en este texto. Incluso muchas de estas ahora son consideradas machistas o clasistas, por ejemplo:
«Las mujeres deben educarse en los principios del gobierno doméstico y ensayarse en sus prácticas desde la más tierna edad».
«Una mujer decente no debe vestirse provocativamente».
«Las atenciones que debemos a los demás no pueden usarse de manera igual con todos. La urbanidad estima en mucho las categorías establecidas por la naturaleza, la sociedad y Dios: así es que obliga a dar preferencia a unas personas sobre otras».

Además de otras normas del libro que obligan al hombre a ponerse de pie cuando la mujer regresa a la mesa, a tenderle la mano al salir del auto o a cederle siempre su asiento. Ni hablar de parejas fuera de la heteronorma.
Como todo, el Manual de Carreño debe estudiarse junto a su propio contexto y rescatar la buena intención que existía detrás del libro: mejorar la convivencia social y alentar a una buena educación cívica.
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