
Héroe de carne y hueso, súperhombre americano que con un rifle luchó por la libertad de una nación, amante de retos tan grandes como su necesidad de peligro; cazador, atleta, boxeador. Amante incansable que alardeaba de haberse llevado a la cama a todas las chicas que había querido. Ernest Hemingway fue el escritor más importantes de la literatura universal y el hombre más valiente que el mundo ha visto. Su imagen es brutal e imponente, al igual que sus palabras, en donde se aprecia que su vicio más grande era el de estar en la acción para sobresalir de entre todo el caos.

En una ocasión, durante la Segunda Guerra Mundial, su amigo Charles T. Lanham luchó una sanguinaria batalla para tomar la ciudad de Landrecies en Francia. Lanham salió victorioso y le escribió una carta a Hemingway quien estaba a 95 kilómetros de distancia en la segunda línea del batallón: «Ve y ahórcate, valiente Hemingstein. Hemos luchado en Landrecies y tú no estabas allí». Ernest lo tomó como un desafió y emprendió un solitario y apresurado viaje por un territorio infestado de alemanes, con el único objetivo de mostrar valentía y ponerse a la par de su compatriota porque él quería ser quien saboreara la victoria.
Por historias heroicas como esta, Ernest Hemingway es el arquetipo de hombre que todos alguna vez soñaron ser; aquel que tiene un dominio total de sus emociones en un momento de peligro y puede actuar sin titubeos hacia el éxito.
Siempre debe estar a favor de la acción y los retos

En la novela El viejo y el mar se aprecia el interés de Hemingway por la pesca, pero no como un acto deportivo o de entretenimiento, sino como un reto personal que demandaba capturar al pez más grande, el más feroz e implacable. Hemingway demostró que el hombre de verdad es aquel que siempre se está imponiendo retos y, por ende, cada día se entrega a la acción. En su mundo no hay quietud, tranquilidad o paz. Todo es avanzar hacia la cima del mundo.
La cobardía dejó de existir para dar paso a la valentía

En Por quién doblan las campanas un hombre tiene la misión de volar un puente, el movimiento crucial para terminar la Guerra Civil Española. Jordan, el protagonista y experto en explosivos, conoce a diferentes personajes con temperamentos contrariados que dificultan su labor. Al final el coraje y la valentía se sobrepone, a pesar de saber que la resolución terminaría con su vida.
Con ello Hemingway demuestra que el hombre de verdad es aquel que cumple con su deber sin importar que las consecuencias sean negativas, porque cuando alguien muere para salvar a miles, automáticamente se convierte en un héroe.
La destreza física no es una opción, es una necesidad

Así como se mencionó al inicio del texto, Hemingway era un atleta que se exigía a sí mismo los más grandes retos. Además de la pesca, su otro deporte favorito era el box, el cual aparece una y otra vez en sus novelas. En la obra París era una fiesta reúne sus memorias parisinas como instructor de Ezra Pound, mientras que en Hombres sin mujeres narra la historia de un campeón de edad avanzada que pierde su título ante un contrincante joven.
En cada anécdota aparece la figura del hombre que sólo alcanza la plenitud cuando desarrolla su destreza física, con la cual puede abatir cualquier obstáculo.
La resistencia es la mejor arma del hombre

Ernest acumuló tantas heridas como libros durante su vida. Sufrió distintos accidentes de avión y automóvil que le ocasionaron conmociones cerebrales, hemorragias, fracturas múltiples y quemaduras. La más grande herida la sufrió durante la Primera Guerra Mundial, en la que Hemingway sirvió como conductor de una ambulancia. Un día estaba en una trinchera cuando un mortero explotó, recibiendo cientos de piezas de metal que se alojaron en sus piernas, testículos y vientre. A pesar del dolor –y siguiendo con su labor– transportó al soldado herido unos cincuenta metros, antes de ser herido en la pierna por el fuego de la ametralladora.
Sin duda un acto de heroísmo y resistencia.
Los traumas sólo se hacen presentes en la literatura
Viviendo siempre al límite, Ernest padeció cientos de tormentos y angustias, pero él siempre se mostró ecuánime ante el mundo. El lugar donde podía reflexionar sobre los espacios oscuros de su mente eran sus libros y aún así ahí los personajes nunca se dejaron arrastrar por la desgracia. Una persona mutilada y mal herida podía ser un hombre todavía, podía funcionar, a pesar de sus carencias y de sus heridas; ese era la creencia de Ernest Hemingway.
Quizá la regla más importante es que un hombre siempre debe luchar a favor de su independencia y la de sus compatriotas, porque sólo en una tierra libre, el conocimiento y el arte podrán gestarse. Estas enseñanzas se encuentran a lo largo de los libros del escritor norteamericano y en sus frases para comprender la vida.
*Este artículo fue publicado anteriormente por Alejandro Arroyo Cano el 8 de septiembre de 2017 y ha sido modificado
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