Te desnudé con mis suspiros mientas tomábamos un café

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Te desnudé con mis suspiros mientas tomábamos un café
Te desnudé con mis suspiros mientas tomábamos un café

Un día cualquiera puede convertirse en el más romántico e inesperado de tu vida:

Delicia paralela el morbo de observarte y el goce de sentirme en la mira.

En él último sorbo de café, resignada a marcharme a casa, levanté la mirada sin pretender tropezar con nada y ocurrió lo insospechado.

Tú mirada se cruzó ante la mía, juvenil y misteriosa, aliviada y perspicaz. De pronto todo el hechizo surgió…

Me observabas, masticándome con esos formidables ojos. Te miré nerviosa, sorprendida y frenética.

Nos encontramos en el aroma universal del café. Fue inevitable no albergar todo ese arrojo en tu mirar, en tu cálida introspección. Te hurgué de vuelta, no podría ser tan descortés y derrochar el encanto de devolverte las furtivas y sutiles miradas. La curiosidad de seguir observándote no me dejó retirarme.

Parecías llevar contigo la madurez de milenios, sentado plácidamente, con un aire de comodidad indudable. Mi mente es ávida y pocas veces las vidas ajenas la ocupan; pero tú rompías todo esquema de sensatez y reserva en mí. Tenía que seguir en ese lugar, dedicar un tiempo adicional a mi lectura y a espiarte.

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El delicioso perfume del café rondaba por todo el sitio y despertaba aún más mi interés. Un goce extraño encontré en contemplarte, simples desconocidos con las miradas encontradas, que saborean un primoroso café.

De reojo te miraba cada que mi sentido de discreción me lo aprobaba; cada vez era más indiscutible y más obligatorio mirarte. De vez en vez nuestras miradas chocaban. Sin duda, también a ti te inquietaba mi estampa. 

Me deleitaba mirándote y disfrutaba de ser observada, a ratos se nos escapaba una sonrisa traviesa al sabernos dentro de este juego taciturno pero agudo, extraño y satisfactorio. Al que nos introdujimos sin saber, sin querer, sin pretender.

Tan sólo íbamos por una taza de café. Degustamos lentamente cada sorbo, cada mirada, cada letra.

Había intervalos que ansiaba predecir lo que pasaba por tu mente y me atrapabas mirándote, presurosa cambié de dirección mi vista; tomé mi libro y acomodé mi cabello, que seguro era un desastre.

Complacencia paralela el morbo de observarte y la dicha de saberme en la mira.

Relajado estudiabas algo de un libro, muy absorto en tus cuestiones, hasta que mi mirada inquieta te incitaba a voltear. Creo que tu mente conspiraba acecharme en silencio, como yo.

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En medio de una secreta curiosidad, intercambiamos infinidad de miradas, jugamos en nuestra mente uno con el otro, saboreamos ese secreto no hablado, no dicho. Esa inexplicable conexión que nos envolvió en aquel café. Te miraba, me mirabas, dos locos en escena.

Te besé sin que te dieras cuenta, te arrope y te desnudé ceñida en suspiros, mientas tomábamos un café. Nos mirábamos, nos inventamos toda una vida en la imaginación con el mejor sabor de boca. 

Y así fue como te encontré en un café del mundo y cruzamos nuestras miradas… para nunca dejarnos de ver, cielo mío.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jessica Janae.

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