Cuando nos volvemos a enamorar toda nuestra vida cambia, como lo narra el poema de César Chafio:
Si no hubiese otras luces no sabríamos que somos luz, así que bendita sea tu sagrada
compañía.
Tu luz dio amanecer a la mía, no por pertenencia, sino por idolatría.

El tiempo no es distancia si se brilla, en la perfecta armonía, sin oscuridades y sin
encandilarse.
Presencia que encandecerá por siempre. Interna y eterna.
Maravillosa coincidencia de las luces que se iluminan.

Encontrar la esencia lumínica de otro ser que te guíe a través de la oscuridad nos recuerda que Enamorarse y tener hambre no es lo mismo, aunque ambas resulten en un hueco en el estómago.
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Las imágenes que acompañan el texto pertenecen a la fotógrafa Silvia Grav, conoce más sobre su trabajo en su página oficial.
