Hay besos que se convierten en una necesidad, como lo narra Ivonne Méndez:
Nos besamos
He mirado a mi alrededor, tanta luz, tanto aire… encuentro en tus ojos esos ojos de mar, de cielo, de tormenta. Azul y verde combinado, verde y azul conjugado. No he querido hablar, tengo tanto que decirte y en un suspiro encuentro el aire que falta. Miles de palabras rondan mi cabeza, enredada entre ideas y sentimientos…

Simplemente uno mi boca a tu boca, siento tu calor, me lleno de un delirio exquisito y las frases se han ido, sólo logro sentir. Tu lengua recorre mis labios, como adivinando lo que gritan, como sintiendo cada pensamiento mío, como devorando toda incertidumbre. Mi aire ahora es tuyo, un eco transparente nos envuelve y se detiene el tiempo, se esfuma el mundo, creamos un mundo en ese beso, el comienzo y final de todo.

Mis manos buscan su lugar y encuentran descanso en tu cuello, jugueteando con tu cabello plácidamente. Alerta en ese ir y venir de aliento me entrego completa a tu boca y tu boca me devuelve desenfrenada las ansias y la calma de sentirme. Integrando la cólera y la dulzura en ese sólo instante. ¡
Te beso!
Y si me besas…

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La idea de saber que allá afuera, en el mundo, existe alguien que comparte la mitad de nuestra alma es triste cuando aún no la conocemos, pero todos estamos destinados a encontrarnos algún día… pero si ya la hallaste, desearás dedicarle las siguientes letras “Somos un alma repartida en dos cuerpos”.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Photomicona.

