La Revolución Francesa, máxima consecuencia de la Ilustración, trajo consigo cambios en la forma de entender la pintura. La nueva generación que guillotinó a los reyes franceses, retomó el gusto griego y romano de reflejar en la pintura, la grandeza del Estado. Así como hicieran los pueblos helénicos y latinos al retratar las hazañas de los grandes héroes y los mitos fundacionales, ahora el fervor revolucionario rendía homenaje a los héroes anónimos que se sacrificaron por la libertad. Con el estilo característico del romanticismo, la libertad, el pueblo, el mosaico social y la muerte como sacrificio a una causa, quedaron retratados en el estilo de pintores como Jacques-Louis David y Delacroix en Francia, y Goya en España. Se trata de pintores que reflejaron el ardor revolucionario, el olor a pólvora y la putrefacción de los soldados monárquicos.
El siglo XIX no fue el único en que las bellas artes sirvieron a intereses políticos, específicamente a la legitimidad de los estados, puesto que en México el gobierno post revolucionario empleó a los muralistas para construir un nuevo discurso histórico. El Palacio Nacional, en la Ciudad de México, es tan sólo uno de los muchos edificios que pretendían educar a la masa y legitimar al nuevo Estado mexicano. En aras de desvelar aquellas historias escondidas en el trasfondo de una pintura, te compartimos 8 pinturas que guardan un importante hecho histórico detrás, mismo que nos acerca un poco más a la comprensión de una realidad específica en un momento determinado.
La libertad guiando al pueblo (1830)
Eugène Delacroix

La pintura hoy resguardada por el Museo de Louvre retrata a una mujer con el busto descubierto, con el vestido roído, empuñando un fusil y ondeando la bandera francesa con la otra mano. El cuadro, cargado de un profundo dramatismo bélico, contiene múltiples alegorías a una sociedad francesa que se unió para derrocar al rey Carlos X el 28 de julio de 1830, e instaurar a Luis Felipe de Orleans en el trono. Luis Felipe, tras casi 40 años de cambios políticos en el gobierno francés, y el paso de un inolvidable Napoleón, se convirtió en el último rey de Francia, dando pie a la Segunda República Francesa.
El mosaico social francés está presente en el cuadro de Delacroix: un obrero que empuña una espada, un burgués con el característico sombrero de copa porta una escopeta y sigue a la libertad, y la nueva Francia enmarcada por un adolescente porta dos pistolas. Con una composición piramidal, en cuya base están los cadáveres de aquellos que se oponen a la libertad, el ascenso de la estructura se da a partir de un moribundo que le dedica su último suspiro a la mujer que guía al pueblo y se le ve entregado al destino final de la muerte pero orgulloso de haber apoyado a la causa.
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Guernica (1937)
Pablo Picasso

Pintada por encargo del gobierno español que se tambaleaba con la insurgencia, Picasso hizo uso del discurso cubista para retratar los horrores de una nueva forma de entender la guerra. A través del cuadro del malageño, con pocos colores y poco orden, existe una carga emotiva muy fuerte, en el que la eterna acompañante de la guerra, la muerte, es protagonista. Aunque no contiene ninguna referencia concreta al bombardeo de Guernica, que fue perpetrado por la Legión Condor alemana y la Aviación Legionaria italiana, sí se trata de un cuadro simbólico de lo ocurrido.
El 26 de abril de 1938, aviones alemanes e italianos realizaron un ataque aéreo sobre el pueblo de Guernica, en favor de los franquistas durante la Guerra Civil Española, matando a más de 200 personas y convirtiéndose en la primera ciudad civil destruida por algún ejército moderno. Sin embargo, muchos historiadores consideraran lo ocurrido en Guernica como un entrenamiento para la blitzkrieg alemana de los años venideros.
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La conquista española de la nación azteca (1936)
Diego Rivera

Manteniendo el estilo del muralismo mexicano encaminado a educar a las masas sobre la historia de un México que se recuperaba del episodio sangriento de la revolución, Rivera tuvo el encargó de pintar las paredes del Palacio Nacional. En este particular cuadro, retrató la llegada de Hernán Cortés a Veracruz y las consecuencias de la conquista española a toda una cultura. Como todos los murales de Rivera, éste está cargado de múltiples símbolos e historias: los primeros esclavos negros que vendrían a complementar el mosaico racial; la explotación de los indígenas bajo el látigo, la amenaza de la horca y la “salvación” a través de la cruz.
Las dos representaciones de Cortés están hechas con características que dejan entrever un demacre a causa de la presunta sífilis del conquistador. En el centro de la escena Cortés recibe dinero a cambio de los esclavos indígenas, justo a un lado de los conquistadores que marcan el rostro de un indígena que ahora será propiedad de un español. La segunda aparición del español está en el lado superior izquierdo, irguiendo una espada junto a un sacerdote y un indio, mientras recibe el tributo y la subordinación de un indígena.
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Fusilamientos del 3 de mayo (1814)
Francisco Goya

En 1813, España expulsó a los franceses invasores que habían penetrado la península e instaurado un gobierno afín a Napoleón. Goya, que fue testigo de las atrocidades de la guerra, pintó este cuadro para retratar la valentía de los sublevados de Madrid en 1808, pero también como una manera de reafirmar sus sentimientos patrióticos pues era sospechosos de “afrancesado”. Aunque era un partidario de la Ilustración francesa, Goya pintó múltiples cuadros con el pueblo como héroe anónimo y colectivo.
En este, uno de los cuadros más reproducidos de Goya, un grupo de madrileños espera la descarga final del pelotón de fusilamiento francés con diversidad en sus reacciones frente a la muerte, de pie sobre cadáveres de otros sublevados y a un costado de aquellos que esperan su fatal destino. El cuadro es una representación del fusilamiento de aquellos que apoyaron el levantamiento del dos de mayo en Madrid, al inicio de la Guerra de Independencia Española y tiene una pareja, “El dos de mayo de 1808”.
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El rapto de las sabinas (1637 – 1638)
Nicolas Poussin

Como parte del mito fundacional de Roma, existe el episodio del rapto de las sabinas. La leyenda cuenta que el primer Rey de Roma, Rómulo, se enfrentó a la posibilidad de la muerte generacional de la ciudad ante la falta de mujeres, por lo que tramó una traición a sus vecinos: los sabinos. Les invitó a cenar a una gran fiesta en la ciudad, y a su señal, cada romano debía hacerse de una sabina, sin importar si ello implicaba la muerte del sabino que la reclamara como suya. Con Rómulo que da la orden de ataque desde el templo de Júpiter, la escena se llena de ajetreos, empujones, persecuciones y muerte. A partir de entonces, el “hijo” de Luperca aseguró el futuro de una ciudad que domino el viejo mundo. La escena ha sido reproducida también por Degas y Jacques Louis David.
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Declaración de Independencia (década de 1810)
John Trumbull

Ubicado en el capitolio de los Estados Unidos, este cuadro representa el momento en que el Congreso estableció la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. El artista pintó en vida a múltiples personajes que aparecen en la escena y visitó el Independence Hall de Filadelfia para situar el importante momento histórico. Curiosamente, el hecho histórico no se trató de la firma del documento, sólo su entrega, y no congregó a todas las personas que aparecen en el cuadro, pues éste en realidad fue una representación de todos los que estuvieron involucrados en este logro histórico. Esta escena está reproducida en el billete de dos dólares estadounidenses.
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Katharsis (1934-1935)
José Clemente Orozco

Este mural es parte de la exhibición permanente en el Museo del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. El encargo, promovido por el Departamento de Bellas Artes de la SEP, es una alusión a la historia de México y de la humanidad, en la que el hombre está sujeto al control de la libertad por la tecnología, la religión y la propia historia.
Orozco, con miras a centrar el mural en el individuo y no en la sociedad, planta al hombre como alguien sujeto a las amenazas del desarrollo tecnológico, y la destrucción que ésta conlleva, principalmente a través del abandono de los valores por las tentaciones: la lujuria representada por las prostitutas; la avaricia con una caja fuerte abierta; la violencia a través de los fusiles y las navajas. ¿Fue acaso el mural de Orozco una premonición de lo que sucedería años después?
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La coronación de Napoleón I (1807)
Jacques-Louis David

El “pintor oficial” de Napoleón retrató la célebre escena en que Napoleón congregó a la élite revolucionaria y las autoridades religiosas sólo para autocoronarse y coronar a su esposa, demarcando que él era la única autoridad en Francia, y que ni siquiera el papá estaba por encima de su poder. La ceremonia que se llevó acabo en Notre Dame significó la cúspide de Napoleón al interior de Francia, con miras a extender su imperio a lo largo de las fronteras europeas. Con respeto a las normas del neoclasicismo, el cuadro de Louis David fue compuesta de tal manera que todas las miradas de los asistentes convergen en Napoleón.
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Referencia:
La historia del arte. E.H. Gombrich. Phaidon. Decimosexta edición.
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