Pinturas satánicas para entender todo sobre el diablo y la religión

Miércoles, 21 de febrero de 2018 13:56

|Carolina Romero
pinturas satanicas

Sublimes y terribles: ¿por qué el mal es tan horriblemente bello?



Dios lo sabe todo: qué pasó antes, qué pasa ahora y qué pasará después. TODO.

Dios lo puede todo: lo pudo, lo puede y lo podrá. TODO.


Por lo tanto, Dios sabía de la desobediencia de Satanás y del influjo que este ser maligno tendría sobre los seres humanos. Lo supo y podía evitarlo. Entones, ¿por qué no lo hizo?


Imposible saberlo.


Pero, sean cuales sean las "razones divinas" para permitir la existencia de Satán, los seres humanos tenemos diversas posturas sobre su naturaleza, mismas que manifestamos en sublimes y terribles obras de arte. Entre claroscuros y una paleta de colores pálidos y lúgubres se desenvuelven desde nuestro imaginario las manifestaciones del mal. Estas son algunas de las mejores pinturas "satánicas" de la historia, en ellas se alude al demonio, los poderes oscuros y su relación con la religión:


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La caída de los ángeles rebeldes (1562)

Pieter Brueghel


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Satanás no era malvado, sólo era un ángel rebelde. En un comienzo era de los seres más queridos por Dios. En esta obra, Pieter Brueghel nos muestra esa "caída" con una infinidad de criaturas dentro de un torbellino caótico. Llenos de colores contrastantes, todos ellos parecen luchar entre sí en un universo sin mucho sentido donde todo es culpa y agonía.


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El aquelarre (1798)

Francisco de Goya


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Por el empleo de luces y sombras o por las expresiones pálidas y enfermizas de los sujetos retratados, este cuadro nos recuerda a Saturno devorando a su hijo, también de Goya.


Sin embargo, esta pieza fue un trabajo elaborado por una petición privada para decorar el palacio de recreo de los Duques de Osuna. En él, vemos a un "Gran Cabrón" —un cabrío enrome y poderoso— rodeado de brujas jóvenes y ancianas que le obsequian bebés como ofrendas para alimentar al demonio.


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La pesadilla (1781)

Johann Heinrich Füssli


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Ésta puede ser una de las pinturas más perturbadoras de este listado. Mientras una mujer yace en su cama sin consciencia, posa sobre su estómago un íncubo, que es una figura maligna que visita a sus víctimas de noche para tener sexo con ellas sin que éstas puedan despertar.


Lo más extraño de esta pintura es la mirada en blanco del caballo que se encuentra detrás. Para muchos, ésta puede ser una insinuación de zoofilia, y para otros, una personificación animal de Satanás.


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La masacre de los inocentes (1611-1612)

Peter Paul Rubens


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Aunque sus temas predilectos eran las bellas historias clásicas, Rubens también se decantó por ilustrar fragmentos oscuros de la Biblia. Éste que vemos aquí se encuentra en el Evangelio según San Mateo; precisamente cuando Herodes ordena matar a todos los bebés que tuvieran menos de 2 años nacidos en Belén esperando que alguno de ellos fuera Jesús.


Tal vez no es el diablo en persona, pero sí es la personificación del mal. Vemos cómo, frente al clamor y el sufrimiento de los demás, éste se impone con furia sin que nadie pueda hacer algo al respecto.


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Tríptico de las Tentaciones de San Antonio (1501)

El Bosco


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Los infiernos de El Bosco son tan hermosos y espeluznantes que uno entra en una especie de crisis al mirarlos. Además de El Jardín de las delicias, el tríptico de las Tentaciones de San Antonio ejemplifica el Infierno en cada uno de sus centímetros.


Figuras humanas dolientes y confundidas; especies de animales arrastrándose por un lodo rojizo y oscuro; en el cielo enfrentándose aves extrañas. Esta es una de las obras más complejas del de por sí oscuro pintor.


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Dante y Virgilio en el infierno (1850)

William-Adolphe Bouguereau


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Esta fue una de las obras más escandalosas del pintor academicista de comienzos del siglo XX. Bouguereau, proveniente de una familia burguesa, tenía una tendencia conservadora que defendía públicamente con cierta pedantería. Sin embargo, además de pintar ángeles y coros celestiales, también se ocupó de la llegada del poeta y Virgilio al octavo círculo del infierno.


Para muchos, este cuadro tiene claras referencias homosexuales. Si bien la intención del artista pudo ser mostrar el horror del Infierno —basta con mirar los cuerpos apilados que aparecen en segundo plano—, también hay una carga erótica importante en los cuerpos principales.


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Estas pinturas podrán darte miedo, hacerte sentir confundido o incluso provocarte pesadillas. Sin embargo, son el reflejo de un imaginario que cuestiona el papel de la maldad en el mundo y cuáles son las implicaciones estéticas y morales que conlleva.


Quizás el mal sea un elemento necesario para la vida tal y como la conocemos o sea sólo la otra cara de la moneda de la divinidad que, al final, la permite. No lo sabemos, pero sí tenemos el arte para imaginarlo.


Carolina Romero

Carolina Romero


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