Lo rompió todo. Nos quebró. Y qué bueno.
Sin embargo, no hay consenso absoluto de lo que sucedió; no sé si importen tanto las fechas o los bastiones en específico, los sitios revisados del suceso, pero nos gusta saber esas cosas aún cuando no las escuchemos del todo. ¿No es así? En el intento por delimitar la crónica de una ruptura, el hacer de este grupo tantas veces mencionado y pocas veces bien entendido, podemos marcar lo siguiente:
Por qué
Habiendo heredado la propuesta posrevolucionaria de instruir al pueblo en las artes para enaltecer el orgullo nacional y generar una reconstrucción de la identidad mexicana, “Rivera & Friends” regresaron de su estadía en Europa para cortar con todo arte continental y desarrollar una vanguardia pública. Dicha iniciativa que pronto se convirtió en movimiento y eslabón de los valores políticos del país, también devino en nacionalismo malentendido y folklore que jugaba a ser socialista.

Pasaron los años y ese arte que pretendía mirar hacia el futuro y siempre cimentar las bases de un presente radical cada vez fue más visto como panfletario y casi burocrático. Ese arte que se fundó con la consigna de nunca participar de las viejas estrategias políticas en México se convirtió en el emblema oficial de un programa aún más complejo que los anteriores.
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Quiénes
Contra el muralismo se levantaron varios. Allí están los estridentistas y los contemporáneos; personajes que se nutrieron de Tamayo y su rebeldía contra la Escuela Mexicana, que nunca consideraron necesario sentarse a tomar unos tequilas con los discípulos de la Divina Triada (Rivera, Orozco y Siqueiros) y que jamás vieron un conflicto en formarse en el extranjero.

Aunque todas estas palabras se emitan en brusco sentido, quizá se escuchen toscas, las peleas jamás se dieron en términos violentos; incluso Rivera declaró que el futuro del arte mexicano recaía en manos de Tamayo y Soriano. A ellos se le sumaron en distintos soportes y lenguajes diversos artistas como interdisciplinarios como Mathias Goeritz y Germán Cueto.
¿Había algo más absurdo que una revolución institucional? Sí. El muralismo hecho rebelión oficial. Los nuevos diálogos en el arte (internacional) y las nuevas rutas de la museografía fueron las armas exactas de un Arnaldo Coen, un Gabriel Ramírez y un joven Enrique Echeverría.
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Cuándo
Con miembros cambiantes, entrantes y salientes, la ruptura se dio entre 1940 y los años 60 sin fecha clara para su documentación. Felguérez, José Luis Cuevas, Lilia Carrillo, Rojo, Gironella y Fernando García Ponce se promulgaron en contra de “la cortina del nopal” durante ese período, con brechas amplias o cortas, pero pocas veces tan entrelazadas como para hablar con exactitud del movimiento.

En un texto seminal de mediados de los 50, Cuevas critica y denuncia la política cultural de México; era tiempo de decir adiós al arte nacionalista y venerar a los sacrosantos muralistas, era hora de permitirle a los nuevos artistas explorar por el vasto horizonte de creatividad y promulgar ante el mundo estética y prácticas que no nos circunscribieran al indigenismo en pintura, alcatraces y naturalezas muertas. Dicho manifiesto no fue el inicio de esta nueva carrera para las artes del país, pero es por lo menos, un punto en el cual se pueden sitiar los distintos momentos de la ruptura.
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Cómo
No hubo una estética inamovible o un discurso compartido más que el de la libertad, el de la producción sin cánones. La búsqueda de un nuevo “orden sin orden alguno” fue la bandera de este andar.

Agradecemos los comentarios de Raquel Tibol al respecto, no porque sean esclarecedores, sino porque señalan una mirada equivocada hacia la generación y marcan a la perfección lo que ellos pretendían. No, eran personajes que persiguieran la abstracción o que exploraran nuevas sendas de la figuración, simplemente fueron artistas que querían hacer arte de formas distintas.

En mucho, debemos permanecer agradecidos a esta generación cuyo impacto influyó en los sistemas o contrasistemas del arte mexicano por lo que quedó de Siglo XX, en la manera que vemos o experimentamos a las galerías o museos de arte contemporáneo.
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¿Por qué nos empeñamos en reconstruirlo?
Porque nuestra educación artística no especializada, aquella que recibimos en libros de texto gratuito y bajo el visto bueno de las autoridades escolares del Estado son nuestra perpetua Tibol; y si a ello le sumamos que dichos aprendizajes o conclusiones ramplonas son validadas tarde o temprano por una crítica de arte como Avelina Lésper, cuyo éxito se basa justamente en la legitimación de la opinión popular, más urgente es nuestra necesidad por recobrar los viejos valores del arte; la composición, la técnica…

