
La entomología es la recolección y ordenamiento de cientos de variedades de insectos para su estudio, y aunque quizá no habías escuchado este término antes, si te gusta el arte, el cine o la animación has estado más relacionado con este concepto de lo que te imaginas. Un ejemplo de ello es la Ilustración científica o las colecciones de mariposas y escarabajos expuestas en las vitrinas de un gabinete de curiosidades, elementos que forman parte del imaginario del cine de ciencia ficción y terror, como en la cinta Mimic dirigida en 1997 por el cineasta mexicano Guillermo Del Toro quien para diseñar a sus personajes combinó tres especies que, en algún momento, la entomología creyó que estaban relacionadas. “Así es como esos insectos tienen cuerpo de termita, alas de cucaracha y manos de Mantis”, comentó el director quien además ha revelado que en su casa tiene una pequeña colección de insectos palo.
Así como Del Toro, seguramente has visitado alguna casa o estudio donde exhiben una de esas escalofriantes colecciones, como es el caso del artista Raúl Serralde quien recuerda que en casa de su abuelo había una habitación que llamaba su atención porque parecía -ante su mirada infantil- un laboratorio, decorado con lupas de todos tamaños y un esqueleto animal. Para Serralde aquél elemento científico adquiere un valor nostálgico que lo ha convertido en un coleccionista de antigüedades y referencias visuales plasmadas en composiciones que mezclan la abstracción y lo figurativo, con el surrealismo y el pop.
El estilo de Raúl Serralde remite a las metáforas visuales de Remedios Varo pero también a la influencia del cine y la televisión, por lo que su obra responde necesariamente a su contexto generacional y a la influencia del movimiento surrealista pop o lowbrow.
Así como en el cine, en el arte los insectos adquieren nuevos valores poéticos o conceptuales, como en la obra del artista contemporáneo Damien Hirst, para quien las mariposas son sujetos muy atractivos porque mantienen su apariencia después de la muerte. Su mayor cuadro “I am Become Death, Shatterer of Worlds” está compuesto por miles de alas de mariposa colocadas sobre un fondo de pintura roja, lo que crea un efecto de iridiscencia similar al que adquieren los vitrales de iglesias y catedrales al ser atravesados por los rayos del sol.
Si bien Hirst nos enfrenta una y otra vez a la imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo -título de su obra más polémica- Raúl Serralde encuentra en los insectos la belleza de la finitud y nos permite mirar la muerte de frente y sentir placer ante su naturaleza contemplativa.

Al igual que los insectos, las catrinas en su obra son referencias a la belleza pop de la muerte.
Serralde sabe que México está de moda, la mirada creativa se posa en la ilustración, el cómic, y la industria de la animación mexicana gracias a fenómenos como la película “Coco”. Sin embargo, el artista advierte que hay que tener cuidado ante esta fiebre por el folclor mexicano con el que se mira a la muerte, pues lo que distingue a un buen artista es tener claro su propio discurso. En su caso eso ha significado pintar al personaje de la Catrina como un homenaje y al mismo tiempo un intento por desmitificar la figura de esta huesuda elegante, afrancesada, delgada y alta, acompañada del catrín con el excelente gusto de la burguesía del siglo XIX. El diseño de las catrinas de esta serie tiene una herencia visual francesa, tal como se inspiró originalmente José Guadalupe Posada con la influencia porfirista. No como se ha retomado en fenómenos mediáticos como “Coco”, en los cuales la catrina parece remitir al pueblo y la tradición.
El estilo de Raúl destaca la herencia francesa de la Belle Epoque con un toque pop de la cultura de los 80 y 90, ese es el “sello artístico” que ha construido el pintor en una industria donde hallar el equilibrio entre la libertad creativa y las tendencias del mercado es la clave para continuar dedicándose a la pintura.

La inspiración de su nueva serie gráfica nace de los encuentros cotidianos con la muerte, en ocasiones disfrazados y revestidos de majestuosidad como lo descubrió en una visita al Panteón Francés de la Ciudad de México, que data del siglo XIX cuyas lápidas fueron traídas de Francia y está repleto de mausoleos de impresionante valor arquitectónico.
Otros encuentros con nuestra propia naturaleza caduca son tan sutiles como contemplar un waffle en descomposición, rodeado de abejas y moscas “panteoneras” volando. Por lo general, relacionamos esos insectos con la putrefacción, y con una connotación de repulsión y desagrado. Lo que Serralde busca es reflexionar sobre esa apariencia atractivamente repugnante de los insectos, como la dualidad estética de los maquech, escarabajos usados como joyas vivientes por los artesanos mayas que colocan piedras de colores sobre ellos y les colocan una cadena para que puedan usarse como prendedor.


Cada uno de sus cuadros se lee como una historia gráfica, habitada por personajes híbridos inspirados en la metamorfosis y en la cultura pop, principalmente en la película“The Fly” de 1958 que atemorizó al público con la historia de un híbrido mosca- humano. Serralde se inspira también en los personajes del género de terror de la década de los 50, mismo que inspira a creadores como Guillermo del Toro y Tim Burton.
Su investigación lo condujo hacia la entomología al descubrir especies que parecen salir de la ficción, como una especie de araña en Australia que tiene trazada la figura de un cráneo en su espalda, y es además una de las especies de arácnido más venenosas que existen.

Serralde explora la labor digital del artista, la complejidad que existe detrás de una animación que proviene de la ilustración: narrativa, ficción y dibujo en un nuevo lenguaje de la cultura visual.
Su proceso ya no es el boceto tradicional -el dibujo- sino la realización de un personaje en 3D, y cualquier persona que haya intentado usar el Autocad sabe que la técnica digital es tan valiosa creativamente como la de la pintura hiperrealista o la escultura clásica. Serralde ha elegido este método porque al modelar al personaje puede moverlo y cambiarlo de posición y tamaño, de acuerdo con la composición que ha construido en su mente y quiere plasmar en la obra. Es un proceso análogo al dibujo con modelo, excepto que el modelo ahora es digital, pues las herramientas han transformado la gráfica actual permitiendo una exploración plástica con la tecnología como aliada del artista.


Así, al detenerte a contemplar los enjambres de Raúl Serralde hallarás rostros microscópicos, mandalas en composiciones abstractas, y distintas lecturas e influencias de lo que el autor ha vivido, así como del imaginario colectivo tan barroco y ecléctico como lo es la cultura mexicana.
Conoce más de su obra en su cuenta de Instagram @raulserralde.

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