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El orfebre que diseñó el trofeo más codiciado del mundo

Irinea Funes by Irinea Funes
julio 17, 2026
in Arte
El orfebre que diseñó el trofeo más codiciado del mundo

Hay objetos que trascienden su función original hasta convertirse en iconos puros: formas que cualquier persona reconoce sin necesidad de contexto, sin importar el idioma ni el país. El trofeo de la Copa del Mundo de la FIFA es uno de ellos. Pero detrás de esa pieza dorada que levanta cada cuatro años el capitán del equipo campeón hay una historia de oficio, de competencia abierta y de un hombre que entendió que el deporte también puede ser escultura.

Un concurso, 53 propuestas y un modelo de plastilina

Silvio Gazzaniga no llegó al proyecto por encargo directo ni por conexiones institucionales. Llegó por mérito, en un concurso internacional al que se presentaron 53 propuestas de 25 países distintos. El contexto era urgente: Brasil había ganado su tercer Mundial y, según las reglas de la época, se quedó para siempre con el trofeo Jules Rimet. La FIFA necesitaba empezar desde cero.

Gazzaniga era orfebre, formado en el Castillo Sforzesco de Milán, uno de los centros históricos del arte decorativo italiano. Su propuesta no fue solo un dibujo técnico: también llevó un modelo en plastilina y un molde de yeso para demostrar cómo la forma fluía en tres dimensiones. Eso dice mucho de su manera de entender el diseño: no como representación, sino como objeto que existe en el espacio y que debe poder sostenerse, tocarse, leerse desde cualquier ángulo.

El resultado fue una escultura de 36 centímetros de oro de 18 quilates sobre una base de malaquita verde. Dos figuras humanas en espiral que sostienen el globo terráqueo. El propio Gazzaniga explicó que quiso capturar tres momentos simultáneos: la lucha, la euforia del aficionado y el instante de la victoria. No es un trofeo estático. Es una narrativa comprimida en metal.

Por qué importa que lo haya diseñado un artesano

El mundo del diseño de objetos deportivos rara vez se discute con el mismo rigor con el que se habla de escultura pública o diseño industrial de autor. Sin embargo, pocos objetos en la historia reciente han tenido una presencia visual tan constante y tan global como este trofeo. Aparece en pantallas de todo el planeta cada cuatro años, en portadas, en tatuajes, en réplicas de plástico vendidas en mercados de cualquier continente.

Que lo haya diseñado un orfebre formado en la tradición artesanal italiana no es un dato menor. La orfebrería exige pensar en la pieza como un todo: el peso, el acabado, la manera en que la luz rebota sobre la superficie, la relación entre la forma y el material. Gazzaniga no diseñó un logotipo tridimensional; diseñó una escultura con todas las implicaciones que eso conlleva.

La FIFA tomó la decisión de mantener el trofeo al menos hasta 2038, lo que lo convierte en uno de los objetos de diseño con mayor longevidad institucional en el deporte contemporáneo. En un mundo donde las marcas rediseñan sus identidades cada pocos años, esa permanencia es también una declaración sobre la solidez de la pieza original.

El archivo familiar y lo que abre

Con el Mundial en Norteamérica como telón de fondo, el hijo de Gazzaniga abrió el archivo familiar en las afueras de Milán: los dibujos originales, el prototipo enviado a la FIFA, el molde de cera. Es el tipo de material que normalmente termina en museos décadas después, cuando la figura ya es historia oficial. Que esté disponible ahora, mientras el torneo vuelve a poner el trofeo en el centro de la conversación global, tiene algo de gesto deliberado: recordar que detrás del icono hay un proceso, un autor, una mano.

Gazzaniga murió en 2016 sin ver cómo su pieza seguía dominando la imaginación colectiva del deporte. Hay algo profundamente artesanal en esa paradoja: el objeto sobrevive al creador, circula por el mundo con una vida propia, y sin embargo guarda en cada curva la huella de una decisión estética tomada por una sola persona en un taller milanés hace más de cincuenta años.

El objeto más tocado y menos tocado al mismo tiempo

Menos personas han sostenido el trofeo original con las manos desnudas que visitantes tiene el Louvre en una semana. Los protocolos de la FIFA son estrictos: solo los campeones, y solo en el momento de la entrega. Todo lo demás son réplicas. Eso convierte a la pieza en algo extraño dentro del mundo del arte y el diseño: un objeto universalmente reconocido que casi nadie ha experimentado como objeto real.

Quizás eso explica parte de su poder. El trofeo de Gazzaniga existe en un territorio intermedio entre la escultura pública y el objeto sagrado, entre el diseño funcional y la obra de arte. Y cada cuatro años, cuando alguien lo levanta frente a millones de personas, esa tensión se vuelve visible otra vez.

Tags: arteCopa del Mundodiseño

Irinea Funes

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