En 1979, la banda punk italiana Skiantos subió al escenario del Bologna Rock festival con algo que ningún grupo en la historia del rock había llevado antes: una cocina completa. No afinaron guitarras ni probaron micrófonos. Cocinaron espagueti, se sentaron, comieron frente a cientos de personas y se fueron. El performance art más radical de esa era no lo hizo un artista conceptual con galería — lo hizo una banda punk italiana con una olla y actitud.
El día que cocinar fue más punk que tocar
El Bologna Rock de 1979 era uno de los festivales más importantes de la escena alternativa italiana. Bandas, público y prensa esperaban lo que siempre esperan en un festival: música, caos controlado, energía. Los Skiantos llegaron con otra idea. Instalaron en el escenario una estufa, ollas, ingredientes. Mientras el público procesaba lo que estaba viendo, la banda preparó la pasta con toda la calma del mundo. historia del punk que cambió la música
Cuando el espagueti estuvo listo, se sentaron a comer. Sin apuro. Sin interactuar demasiado con el público. Y cuando terminaron, recogieron y se fueron. Cero notas. Cero acordes. La actuación había terminado y técnicamente nunca había empezado.
Por qué esto no fue un trolleo sino una tesis
Es fácil leer esto como una broma o como la arrogancia de una banda que no quería trabajar. Pero los Skiantos llevaban años siendo uno de los grupos más incómodos y deliberadamente absurdos del punk italiano — un movimiento que en Italia tenía una carga política y conceptual más densa que en el Reino Unido o Estados Unidos. bandas de punk que redefinieron el género
Lo que hicieron esa noche en Bologna tiene un nombre que el arte conceptual ya conocía bien: la negativa al espectáculo como acto de protesta contra la expectativa del espectáculo. El público pagó para ver a una banda. La banda les mostró que el contrato entre artista y audiencia no es sagrado, que puede romperse, y que la ruptura en sí misma puede ser la obra.
No es tan diferente de lo que Andy Warhol hacía proyectando la misma película en bucle o de lo que Yoko Ono hacía pidiendo al público que completara su arte. La diferencia es que los Skiantos lo hicieron con carbohidratos y sin pretensiones de galería.
La actitud que el punk siempre tuvo pero nunca dijo tan claro
El punk nació en parte como rechazo a la grandilocuencia del rock progresivo: sin solos de 20 minutos, sin escenarios con cohetes, sin distancia entre la banda y quien la escucha. Pero hay una ironía que los Skiantos empujaron hasta el límite: en cuanto el punk se convirtió en espectáculo, también empezó a traicionar su propio código. contracultura y arte de performance
Cocinar espagueti en un escenario fue, en ese sentido, más consecuente con la filosofía punk que cualquier canción de tres acordes tocada frente a miles de personas que pagaron entrada. No había glamour. No había distancia. Solo una banda haciendo algo completamente doméstico en el lugar más teatral de todos.
Cuarenta y seis años después, el acto sigue circulando en internet porque toca algo que todavía no sabemos procesar del todo bien: la idea de que la obra más honesta puede ser la que se niega a existir en los términos que el mercado dicta. Los Skiantos no trollearon a nadie. Le pusieron nombre a algo que la cultura lleva décadas fingiendo que ya resolvió.

