Sony acaba de convertirse en el dueño mayoritario de Peanuts, la franquicia que le dio al mundo a Charlie Brown, Snoopy y 75 años de cultura pop. Como detalla el tuit a continuación, el trato rondó los $475 millones de dólares y consolida a la corporación japonesa con el 80% del control total de la marca, dejando a la familia del creador original con apenas el 20%.
Cómo Sony fue comprando Peanuts de a poco hasta quedarse con todo
El movimiento no fue repentino. Sony Music Entertainment Japan entró a la franquicia en 2018, cuando pagó aproximadamente $185 millones de dólares por el 39% de Peanuts Holdings LLC. Un pie adentro, nada más. Durante años, el otro socio clave fue WildBrain Ltd., la empresa canadiense que manejaba la producción de contenido —incluyendo las series que hoy viven en Apple TV+— y la gestión de licencias en varias regiones.
Lo que cambió ahora es que Sony compró ese 41% que WildBrain todavía tenía. El acuerdo se anunció en diciembre de 2025 y se cerró oficialmente alrededor de marzo de 2026. El costo de esta segunda compra rondó los $457 millones de dólares (o CAD $630 millones, según las fuentes oficiales), aunque algunos reportes redondearon la cifra a $475M. WildBrain usará ese dinero para liquidar deudas, pero no desaparece del mapa de Peanuts: seguirá produciendo contenido y gestionando licencias en ciertas regiones como socio operativo.
Qué pasa ahora con Charlie Brown, Snoopy y el legado de Schulz
La familia de Charles M. Schulz —el caricaturista que creó Peanuts el 2 de octubre de 1950— conserva el 20% restante de la propiedad. Sony ha dicho públicamente que su intención es proteger el legado del creador y expandir la marca globalmente usando su red de distribución. Bonito discurso corporativo, aunque la historia del entretenimiento está llena de franquicias icónicas que cambiaron de dueño con promesas similares.
Lo que sí es concreto: Peanuts ya no es una marca independiente ni familiar en términos operativos. Es, desde marzo de 2026, una propiedad Sony con todo lo que eso implica: mayor músculo para licencias globales, posibles nuevas adaptaciones y una maquinaria corporativa detrás de cada producto con la cara de Snoopy. Si eso es bueno o malo para los fans depende mucho de qué tan apegados estén a la versión clásica del perro beagle más famoso del mundo.
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