La muerte de Robin Hood llegó a plataformas digitales el 28 de julio de 2026 y el público mexicano la está descubriendo ahora. La película de A24 protagonizada por Hugh Jackman recaudó apenas 6 millones de dólares en cines mundiales contra un presupuesto de 20 millones, pero su paso discreto por la cartelera no cuenta la historia completa: dirigida por Michael Sarnoski —el mismo de Pig— y con Jodie Comer como contraparte, la cinta propone algo que pocas adaptaciones del mito se habían atrevido a hacer: presentar a Robin Hood como un hombre viejo, herido y con las manos sucias de sangre.
Un héroe que ya no puede con su leyenda
La película parte de una balada anónima del siglo XVII —’Robin Hood’s Death’— que poca gente conoce pero que siempre estuvo ahí, en el margen oscuro del mito. Sarnoski la usa como punto de partida para construir algo parecido a lo que James Mangold hizo con Wolverine en Logan (2017): un héroe envejecido que ya no encaja en el mundo que ayudó a crear. La comparación es tentadora, pero hay que ser honesto: Logan tiene 93% en Rotten Tomatoes; La muerte de Robin Hood se queda en 66% de críticos y apenas 56% de audiencia. Son películas que comparten el mismo dolor, pero no el mismo pulso.
La trama coloca a Robin gravemente herido, refugiado en un priorato donde una monja llamada Brigid —interpretada por Jodie Comer— le ofrece algo parecido a la redención. El personaje de Brigid fue inspirado en Hildegarda de Bingen, monja alemana del siglo XII que fue médica, compositora y escritora: una elección que le da peso histórico a lo que podría haber sido solo un personaje de contraste. Comer, que viene de años de trabajo estelar en Killing Eve y la reciente The End We Start From, es junto a Jackman lo más elogiado por la crítica. Jodie Comer en sus mejores papeles
Por qué fracasó en cines y qué eso no dice sobre si vale la pena verla
El estreno en Estados Unidos fue el 19 de junio de 2026, y el timing fue brutal: Toy Story 5 estaba en cartelera al mismo tiempo. Una película oscura, clasificación R, sobre un Robin Hood moribundo versus la quinta entrega de una de las franquicias de animación más queridas del mundo. El resultado era predecible. En México y España llegó en julio, con poco ruido.
Lo que sí puede decirse —con cuidado, porque los datos de PVOD no son públicos— es que el interés en digital está creciendo. Las búsquedas en Google México lo reflejan: la gente la está buscando ahora, en agosto, semanas después de que aterrizara en Prime Video. El precio de renta es 19.99 dólares y de compra 24.99 dólares, lo que la pone en el territorio de ‘noche de película con todo el ritual’, no de contenido casual. Eso ya dice algo sobre el tipo de experiencia que propone.
Las críticas negativas apuntan a dos problemas reales: la violencia de la primera mitad se siente repetitiva y la narrativa pierde foco en el tramo central. Pero la segunda mitad —el priorato, la confesión, el duelo de Jackman con su propio personaje— es donde la película encuentra lo que busca. Hugh Jackman con 56 años lleva la carga de un hombre que construyó su identidad sobre la violencia y ya no puede sostenerse. Es incómodo. Es lo que la película quiere.
