
Para nadie es un secreto que la aparición de Netflix y su creciente ascenso en el mundo de producción de contenido audiovisual es visto por muchos como una “amenaza”, no sólo al cine como arte, sino como generador de contenidos que muchas veces no tienen la suficiente calidad como para ser merecedor de reconocimiento. Sin embargo, desde años recientes, las películas nominadas y las películas premiadas producidas por Netflix y otras plataformas de streaming reabren el debate sobre qué significa la industria cinematográfica en el nuevo siglo.
Por ejemplo, el reconocido director Steven Spielberg ha sido uno de los cineastas que muestran su preocupación cuando ve que plataformas como Netflix son nominadas a premios como los Oscar; piensa que, de seguir así, las salas de cine desaparecerán y, por consiguiente, el cine mismo. Sin embargo, hay varios elementos que el director estadounidense ignora, o que al menos escapan de su propia realidad.

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Es totalmente cierto que ver una película en una sala de cine es una experiencia única, ya que por dos horas aproximadamente estás enfocado en el relato cinematográfico junto a otras personas desconocidas. Este hecho irrepetible los convierte en cómplices de lo que sucede en la película y, hasta cierto punto, crea un enlace entre los asistentes que no existiría si no se hubiesen reunido frente a la gran pantalla. Esa magia es real, no se puede negar y estamos de acuerdo en que no debe morir nunca. Sin embargo, debemos estar conscientes de que cada vez son menos los estudios que se interesan o que se arriesgan a producir contenidos que no sean lo suficientemente comercializables o redituables. Los grandes estandartes de los estudios más importantes —como Disney, Warner, Fox o Universal— son películas que forman parte de sagas, y que les traerán grandes ingresos en el primer fin de semana de proyección. Por ende, los cineastas que desean desarrollar proyectos independientes y no por encargo deben migrar a estudios más pequeños —como A24—, o simplemente vender su idea a plataformas de streaming como Netflix, Amazon, Hulu, entre otras.

Y entonces surge el gran debate. Si existen estudios como A24 o Focus Features, que producen contenido para salas de cine, ¿por qué los contenidos producidos por las plataformas de streaming son una amenaza? La respuesta puede ser mucho más sencilla de lo que creemos, y muchos cineastas están más que conscientes de la situación.
Por ejemplo, durante la temporada de premios en la que Roma fue galardonada, Alfonso Cuarón fue cuestionado sobre este debate entre el modo de distribución tradicional y el streaming. “Mi pregunta es: ¿cuántos cines crees que proyectarían una película mexicana en blanco y negro? ¿Rodada en español y mixteco? ¿Que además es un drama sin ninguna gran estrella? ¿Cómo de grande crees que sería su estreno en el circuito convencional de distribución? Yo he tenido un estreno mejor que eso”, aseguró el director mexicano.
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Desde otra perspectiva, en una entrevista a El Mundo por el estreno en Netflix de su película Triple Frontier, el director J.C. Chandor reflexionó acerca del modo de producción cinematográfico en la actualidad. “De joven, tardaba hora y media en llegar de Nueva Jersey a Nueva York para poder ver una película en un cine con una pantalla pequeña y un ruido terrible. Eso ya no es así. Las pantallas de una calidad increíble son accesibles a todo el mundo. ¿Por qué negar la evidencia?… Por lo demás, el tipo de cine de clase media con el que me identifico, el de un presupuesto aproximado de 10 millones, ya ha dejado de hacerse en los grandes estudios. Lo hace Netflix, por ejemplo. No es un problema de premios como dice Spielberg, es un problema de industria”. Además, el cineasta asegura que “el problema son las ventanas de exhibición no los Oscar ni Spielberg. Las exhibidoras tienen que entender que el mundo es otro y que una película no puede estar tres meses en un cine antes de verse en otro sitio”.
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Lo anterior nos hace pensar que el verdadero problema de que las plataformas de streaming se posicionen cada vez más en los grandes premios y festivales de la cinematografía, es que los grandes estudios ya no toman riesgos a la hora de producir películas; y luego, en mayor o menor medida, por las ventanas de exhibición y sus restricciones en la proyección de películas. Ni Netflix, y mucho menos los premios Oscar, son responsables de esta situación. Aún así, la mesa está servida y el debate parece no tener fin, al menos por ahora.
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