“Perdiste tu inocencia en el mundo de afuera. No podrás recuperarla aquí adentro, en el mundo de los afectos”.
—Carlos Fuentes
¿Cómo el cambio de la pureza a la madurez puede ser corrompido y a la vez dejar salir la naturaleza del individuo? La inocencia, aseguran algunos, es un estado mental. Pero en todo caso, es difícil determinar si es un impulso primario o un acto ajeno a la esencia del ser. Tal vez, si tanto te preocupa haber perdido tu añorada inocencia, estas ilustraciones podrían aclararte el panorama. Por otro lado, si eres joven y buscas en cierto modo dejar atrás esa pureza, definitivamente tienes que correr a ver estas películas. Al fin y al cabo nada mejor que el cine para poner en imágenes vívidas y viscerales lo que podrías estar experimentado, como si estuvieras enfrentado un fenómeno del que, por más que lo intentes, jamás podrás huir.

Stoker [2013] es una cinta del director surcoreano Chan-wook Park, mente maestra detrás del clásico instantáneo Oldboy [2003], parte de su trilogía sobre la venganza y una de las 10 películas de horror que muestra lo podrido y cruel de la mente humana. Si te gusta el cine asiático contemporáneo, no puedes perderle la pista a este realizador, aunque en honor a la verdad esas fronteras son irrelevantes en este contexto, pues Stoker es la primera película que Park dirige fuera de su natal Seúl. Esta obra, por medio de su narración audiovisual, puede contestar el cuestionamiento que se hizo al inicio de este artículo.
Chan-wook Park y el guionista Wenthworth Miller presentan de manera sutil una belleza estética en la verdadera naturaleza de India Stoker (Mia Wasikowska), que comienza a aparecer tras un desafortunado evento: el fallecimiento de su padre, Richard. A partir de ese suceso empieza el proceso de autodescubrimiento de la perversidad de su mente. El agente encargado de su oscura travesía es su misterioso tío Charlie (Matthew Good), quien está envuelto en un aura de oculta y se sensual personalidad.

Evie (Nicole Kidman), madre de India, atraviesa una severa crisis por lo ocurrido y busca confort y atención en su nuevo inquilino y cuñado: Charlie. En cierto modo, como es costumbre en el estilo del cineasta surcoreano, se abre una brecha muy delgada entre los conceptos de familia, relaciones amorosas y emociones paralelas, pero sin que haya elementos suficientes (tampoco hacen falta) para llenarlas. La cinta es bastante enigmática, con varias “vueltas de tuerca” que hacen retener la atención del espectador en busca de poder descifrar lo que pasa por la mente de los personajes principales. Priva la imagen y lo no dicho sobre la trama, como modo de crear una tensión fuerte en el hilo narrativo.

India, quien tiene una personalidad perspicaz, tétrica y retraída, además de contar con la suficiente inteligencia para darse cuenta de lo que sucede, pasa por varias etapas que marcan un punto de inflexión. Su inocencia transmuta a esa percepción que tiene de sí misma y que al principio de la película se puede escuchar en voz en off.
Esta tenue pero inquietante cinta, en la mejor tradición del thriller psicológico y con tintes eróticos, presenta trastornos de la mente humana como son la psicopatía, sociopatía, el complejo de Electra y la depresión, entre otros. Sin embargo, lo más interesante es cómo la mente y personalidad de la protagonista “florece” mediante un amor enfermo envuelto de dolor y placer desbordado. En ese sentido, Stoker es una buena propuesta de cine con toques artísticos para quien desee conocer de manera procesada algunos aspectos de lo más escabroso del consciente e inconsciente humano, así como sobre esos lazos perversos que se llevan en la sangre y el vínculo atávico entre sexualidad y violencia.

Cabe resaltar que la película contiene mucha influencia del maestro del suspenso Alfred Hitchcock, lo que garantiza no querer despegarse de la pantalla para poder resolver el secreto que resguarda India, su padre y demás personajes. En términos cinematográficos la fotografía es lo más destacable, así como la banda sonora, que cumple con su cometido al situar al espectador en una atmósfera de intriga, ansiedad, enigma y, durante varias escenas, en lo más álgido de lo sensual, del placer físico e imaginativo.
Por otro lado, el guión deja un poco que desear y puede parecer algo escueto. Sin embargo, no hay duda de que los elementos de la imagen hacen que pase por desapercibida esa falta de profundidad. Otro punto a su favor son las destacables e impecables actuaciones de Wasikowska y Good, quienes crean perfectamente ese ambiente de perversión y sexualidad.
Texto escrito por Mitzy Blanquet
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