Un beso bien dado siempre se contagia. No importa cuántos hayas dado o te falten por recibir, si el amor te ha decepcionado o es tu motor diario, si lo estabas esperando o te tomó por sorpresa; un buen beso siempre te hace perder la razón y sentir cómo todo el mundo cobra sentido dentro de tu estómago. El contacto de sus tibios labios con los tuyos podría, en cualquier momento, convertirse en la solución para absolutamente cualquier cosa.

De igual manera, un beso se envidia. Cuando dos personas unen sus bocas frente a ti, ladeando suavemente sus cabezas en sentidos contrarios, rozando sus mejillas, quizá mordiendo lentamente un labio del otro y perdiendo poco a poco el aliento entre adictivos sofocos, tú no sabes si seguir observando o retirar tu mirada mientras divagas en lo increíble que sería vivir lo mismo con alguien justo en ese instante.
Observar la pasión entre dos cuerpos puede ser incluso comparable con mirar el amanecer; justo en ese segundo cuando tus ojos se cruzan con el movimiento exacto de la conmoción, podrías dejar de preocuparte por lo que fuera y buscar el más mínimo pretexto para repetir eso que acabas de sentir, eso que te hace vibrar y conectar cada célula de tu ser.
El cine, por ejemplo, nos ha dado increíbles ejemplos de dos rostros arrebatados por el deseo, conectándose en una sola respiración, en una sola piel. Esas escenas únicas en su tipo que, a veces, logran más que todos los minutos del filme.
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Emma y Dexter
Toda la historia de “One Day” (2011) es para llorar, para que anheles un amor así de profundo y cambiante que se dirija hasta la tumba contigo. Pero esos minutos en los que sientes que ya no puedes más y Dexter toma a Emma entre sus brazos, haciéndonos pensar que a partir de entonces nada podría salir mal, valen toda la trama.
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Alicia y Devlin
Gary Grant e Ingrid Bergman en “Notorious” (1946), nos enseñaron en el cine clásico cómo debía ser un beso perfecto; esta escena que causó polémica en sus tiempos, hoy no es mas que muestra del ingenio cinematográfico para lograr una escena de amor que durará más de unos segundos y se perfilará a la eternidad.
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Ennis y Jack
https://www.youtube.com/watch?v=n0pLa5s67WQ
Más allá de la polémica y la amistad verdadera que existió entre los protagonistas fuera del set de “Brokeback Mountain” (2005), este beso fue uno de los más accidentados que pudimos ver alguna vez, pero se notó tan sincero, tan urgente en la represión de un amor fuera de lo permitido, que es uno de los famosos en la historia del cine contemporáneo.
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Rose y Jack
Efectivamente, sintiéndonos los reyes del mundo, este beso de “Titanic” (1997) ha trascendido a su época y convirtió a Leonardo DiCaprio y a Kate Winslet en la pareja ideal para cualquier historia que se formulara en nuestra imaginación.
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Mary y George
A mediados de los años 40, este relato, que, si bien es un clásico de Navidad, marcó nuestras vidas e hizo que deseáramos a alguien con quien tener un beso tan tierno y dramático como éste entre James Stewart y Donna Reed en “It’s a Wonderful Life” (1946).
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Sylvia y Marcello
¿Quién no ha fantaseado con la Fontana di Trevi gracias a esta joya de Mastroianni. Anita Ekberg, todo un símbolo sexual de la humanidad desde su aparición en “La Dolce Vita” (1960), jugando con el agua y el cielo nocturno, dio muestra de su belleza en una de las escenas más seductoras en el mundo fílmico.
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Veda y Thomas
https://www.youtube.com/watch?v=3hIo0Lm__uI
Una de las cintas más traumáticas que seguro hemos visto en nuestra vida: “My Girl” (1991). Con un Macaulay Culkin de niño y la siempre increíble Anna Chlumsky, este primer beso fue compartido por todos y no hay forma de no recordarlo al buscar en el baúl de la memoria a aquel primer amor.
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Elena y Salvatore
https://www.youtube.com/watch?v=mIoambABq5g
El soundtrack. La juventud de sus protagonistas. El guion. No hay manera de no verse reflejado en “Cinema Paradiso” (1988) con elementos tan sublimes como con los que cuenta esta película ¡Y ese beso! Con él nos queda muy en claro que hay encuentros que merecen toda la atención pase lo que pase a nuestro alrededor.

¿Cuántos besos más nos seguirán inspirando al amor en los años por venir? Seguramente demasiados, pero ninguno como los que nosotros mismo protagonicemos.
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