The Mandalorian and Grogu, el primer film teatral de Star Wars en casi siete años, terminó su temporada en cines con $345 millones de dólares en recaudación mundial — y eso no fue suficiente. El 5 de agosto de 2026, el CEO de Disney Josh D’Amaro reconoció durante la llamada de resultados Q3 que tanto la película protagonizada por Pedro Pascal como el remake en acción real de Moana ‘no cumplieron nuestras expectativas de taquilla.’ La franquicia que alguna vez garantizaba mil millones en cines ahora necesita una defensa corporativa para justificar su existencia.
Cómo una película que hizo $345 millones se convirtió en problema
Para entender por qué $345 millones se leen como fracaso hay que recordar el punto de referencia: The Last Jedi hizo $1,330 millones en 2017 y The Rise of Skywalker cerró con $1,070 millones en 2019. Contra esos números, la película de Jon Favreau con Pedro Pascal, Jeremy Allen White, Sigourney Weaver y hasta Martin Scorsese en el reparto se siente como un deflate lento.
El estreno del 22 de mayo de 2026 arrancó bien sobre el papel: $98 millones domésticos en el fin de semana del Memorial Day y $167 millones globales en cuatro días, con un presupuesto de producción de $165 millones. Los analistas ya levantaban la ceja — eso cubría apenas el costo de hacer la película, sin tocar marketing — pero lo que vino después fue peor. En su segundo fin de semana, la película cayó un 69%, uno de los derrumbes más pronunciados en la historia reciente de los grandes tentpoles de estudio. Las audiencias entraron, vieron algo que se sentía como un episodio largo de la serie de Disney+, y no regresaron ni le contaron a nadie que tenía que verla en cines. por qué las series de Disney+ afectan a sus películas
La recepción crítica tampoco ayudó: 63% en Rotten Tomatoes, una calificación que la coloca por encima de Attack of the Clones y The Phantom Menace, pero no exactamente en el pedestal que una película de regreso a la pantalla grande merecía. Las audiencias fueron más generosas — 89% en el Popcorn Meter — lo que sugiere que a los fans que ya la amaban les gustó, pero no fue suficiente para generar el efecto de arrastre que los blockbusters necesitan para cruzar los mil millones.
La defensa de Disney que nadie le creyó del todo
Lo interesante no es que la película haya decepcionado; es cómo Disney decidió hablar de eso. Josh D’Amaro — quien reemplazó a Bob Iger como CEO de Disney a principios de 2026 — no usó la palabra ‘fracaso’. Dijo que los films ‘impulsaron un crecimiento saludable en ventas de retail de la franquicia Star Wars, atrajeron visitantes a la atracción actualizada del Millennium Falcon en Disneyland y Walt Disney World, y generaron engagement significativo en gaming.’ El comunicado de resultados los llamó ‘inversiones de franquicia que contribuyeron a creación de valor más allá de sus estrenos teatrales.’
El problema con ese argumento es que Disney no entregó ninguna cifra concreta que lo respaldara. Ningún número de mercancía vendida, ningún dato de visitas adicionales a los parques, ninguna métrica de streaming que justificara el costo. Los analistas lo notaron. Cuando una empresa de esa escala defiende una inversión de $165 millones en producción con ‘generó engagement en gaming’, la pregunta que queda flotando es cuánto costó ese engagement comparado con lo que habría costado hacer una temporada más de la serie directamente en Disney+.
El contexto importa: Toy Story 5 fue el gran éxito de Disney en el mismo verano de 2026, lo que hace difícil sostener que el modelo completo del estudio está roto. Pero dos grandes IPs — Star Wars y Moana — decepcionando en el mismo trimestre sí plantea preguntas legítimas sobre si la estrategia de convertir series de streaming en películas teatrales funciona cuando las audiencias ya no distinguen — ni les importa distinguir — entre las dos.
