Mentiras: La Serie ya llegó a Prime Video y, aunque parte de la misma premisa que el musical que se ha presentado por más de 15 años en los escenarios de México, lo cierto es que no es una copia fiel. La producción para televisión hizo ajustes importantes para contar una historia más completa, más visual y, sobre todo, con más espacio para sus protagonistas. El resultado: una serie que actualiza la narrativa sin perder el espíritu ochentero, pero que también rompe con varias de las fórmulas que hicieron famoso al montaje original.
‘Mentiras’ y todas las diferencias entre el musical y la serie
El musical de Mentiras, creado por José Manuel López Velarde, se desarrolla prácticamente en un solo escenario (el funeral de Emmanuel), con saltos en el tiempo, un giro final inesperado y muchos éxitos pop que funcionan como motor de la trama. En cambio, la serie tiene al menos seis episodios de unos 45 minutos cada uno, lo que permite expandir los trasfondos de los personajes, abrir nuevas subtramas y trabajar con un estilo visual mucho más elaborado.
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En esta nueva versión ya no existe Manuela, la misteriosa hermana de Emmanuel que guiaba la historia desde las sombras. Su eliminación modifica el eje del misterio y pone todo el foco en las mujeres que rodearon a Emmanuel, sus verdades, sus enojos y las heridas que él dejó.

Los personajes ya no son solo arquetipos
En el musical, cada mujer representaba un tipo de relación con Emmanuel y también un estilo de cantante pop. Eran más símbolos que personas: Daniela la esposa sofisticada, Dulce la exmonja inocente, Yuri la abogada calculadora, Lupita la secretaria noble. Pero en la serie, cada una tiene un pasado, una historia y una herida que la vuelve más humana.
Por ejemplo, la Yuri de Regina Blandón carga con un secreto legal, Dulce (Diana Bovio) dejó la vida religiosa por una razón mucho más densa, y Lupita (Mariana Treviño) es más que la mujer sumisa que “sabía todo”. Incluso Belinda, como Daniela, encuentra momentos para que su personaje deje de ser una caricatura de diva.

Emmanuel es menos protagonista
El musical gira en torno a Emmanuel: su funeral, su juego mental, su revelación. La serie también parte de su muerte, pero la tensión no está en si está vivo o muerto (al menos no en los primeros episodios), sino en cómo sus acciones desataron una cadena de traiciones, secretos y alianzas entre las mujeres. Emmanuel sigue siendo un patán seductor, pero ahora es más una excusa narrativa que el centro del universo.
Luis Gerardo Méndez, que lo interpreta, aparece en flashbacks o recuerdos. Su papel sirve para iluminar el pasado de las protagonistas y, con suerte, ayudar a deconstruir la figura del “galán ochentero” que todo lo conseguía.

La estética también dice cosas
Mentiras: La Serie es colorida, pero no como un videoclip ochentero, sino como una postal dirigida con ojo cinematográfico. La casa de cada mujer tiene una paleta cromática específica, los vestuarios hacen referencia a sus emociones y los sets parecen sacados de una estética tipo Wes Anderson pop mexicano. No es solo decoración: es narración visual.
Además, hay números musicales bien montados, con coreografías y nuevas versiones de las canciones clásicas. Sí, están las de siempre (“Él me mintió”, “Ese hombre no se toca”), pero también hay algunas que se omiten o cambian de lugar para que funcionen mejor en el ritmo de una serie.
De musical divertido a thriller femenino
Una de las decisiones más relevantes de la serie es cambiar el tono de la historia. Aunque sigue teniendo comedia y momentos absurdos, ahora se nota que la narrativa quiere hablar de cosas más serias: sororidad, manipulación, misoginia, perdón y venganza. El misterio ya no es solo “¿quién mató a Emmanuel?”, sino “¿quién era él realmente y por qué estas mujeres aceptaron tanto durante tanto tiempo?”
El final también parece ir por otro camino. Aunque aún no se confirma si Emmanuel está vivo o muerto (como en el famoso giro del musical), todo apunta a que la serie prefiere cerrar con un mensaje de cierre emocional para las mujeres, más que con un truco escénico.
¿Y entonces, cuál es mejor?
No es una competencia. Son dos versiones distintas de una misma historia. El musical tiene ritmo, nostalgia y un final que nunca falla. La serie, en cambio, toma el riesgo de hacer más grande el universo de ‘Mentiras’, para hablar de temas que sí necesitamos revisar con más calma. Ambas versiones comparten el corazón, pero no el cuerpo, y ahí está lo interesante: en ver cómo una historia que creíamos conocer todavía puede sorprendernos.
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