El live-action de Moana (2026) llegó a los cines de México el 9 de julio con un presupuesto de 250 millones de dólares, a Dwayne Johnson de regreso como Maui y a una nueva protagonista, Catherine Laga’aia, que la crítica elogió. Aun así, su primer fin de semana global sumó apenas 95 millones —muy lejos de los 60-65 millones que Disney esperaba solo en Norteamérica— y Deadline Hollywood estima pérdidas de entre 100 y 125 millones para el estudio. El dato que complica la narrativa sencilla del ‘flop’: quienes sí fueron al cine le dieron una A- en CinemaScore y un 90% en el Popcornmeter de Rotten Tomatoes. El problema de Moana no fue que la gente la odiara, sino que casi nadie sintió la urgencia de comprar el boleto.
Un remake que nadie pidió, una factura que Disney va a pagar
La película animada original de 2016 obtuvo un 95% en Rotten Tomatoes y superó los 643 millones de dólares en taquilla global. Diez años después, Disney decidió que esa historia merecía rehacerse en acción real casi escena por escena. El director Thomas Kail —el mismo de Hamilton en Broadway— y el guion de Jared Bush y Dana Ledoux Miller no introdujeron elementos nuevos de peso: los analistas que vieron la película describen un calco fiel, no una reinvención.
Eso es exactamente lo que le pasó factura. Moana 2026 es el primer remake live-action de Disney basado en una película CGI y el que menor distancia temporal tiene con su original: casi exactamente diez años, frente a las décadas que separaban a La Sirenita o La Bella y la Bestia de sus versiones clásicas. La memoria colectiva no había olvidado lo suficiente. Y encima, Moana 2 había superado los 1,000 millones de dólares en taquilla apenas en 2024, saturando el apetito por la franquicia antes de que el remake tuviera oportunidad de respirar.
La paradoja que Disney no supo resolver: gustó, pero no convenció
Un 32-34% en Rotten Tomatoes es el peor puntaje de todos los remakes live-action de Disney hasta la fecha. Pero ese número convive con una A- en CinemaScore y un 90% en el Popcornmeter del mismo sitio, lo que sugiere que el rechazo no vino de las butacas sino de antes de llegar a ellas. Quien pagó el boleto salió contento. El problema fue convencer a la gente de que valía la pena salir de casa.
El principal elogio, curiosamente, cayó sobre Catherine Laga’aia, la actriz hawaiana que debuta en el papel de Moana y que la crítica especializada separó del resto del veredicto negativo. Dwayne Johnson, por su parte, soportó dos horas y media diarias de maquillaje y 18 kilos de prótesis para encarnar a Maui, un esfuerzo físico que las reseñas reconocieron pero que no bastó para salvar la percepción general del proyecto.
Al 2 de agosto de 2026, la taquilla global acumulada llegaba a 261.1 millones de dólares —114.8M en Estados Unidos y Canadá, 146.3M internacionales—, insuficiente para cubrir un presupuesto de producción de 250 millones al que hay que sumarle costos de marketing. La comparación que más duele a Disney: Lilo & Stitch (2025), con una fórmula igualmente fiel a su original, cruzó los 1,000 millones. La diferencia no es el formato; es qué tan viva seguía cada historia en la memoria del público.
