
Terry Gilliam es un director que se caracteriza por conjugar excepcionalmente agentes como la fantasía, la comedia y el drama en la mayoría de sus trabajos. Entre ellos los más reconocidos son: Brasil (1985), 12 Monos (1995), Miedo y asco en Las Vegas (1998), El imaginario doctor Parnassus (2009) y la serie de películas realizadas con el colectivo británico Monty Python.
En la pasada emisión del Festival de Cannes 2018 se estreno su más reciente producción El hombre que mató a Don Quijote, una historia que alude al personaje principal de la novela más sobresaliente de Miguel de Cervantes.

Toby (Adam Driver) es un director de cine desencantado de su trabajo y sumergido en la superficialidad del glamour cinematográfico, quien al encontrase casualmente con una copia pirata de su primer largometraje, misma que lo llevó a la fama, se hunde en una serie de situaciones improbables que lo llevarán a reencontrase con el protagonista de aquel film, un anciano perturbado quien está convencido de ser nada más y nada menos que Don Quijote de la Mancha (Jonathan Pryce).
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Si bien en un principio, Toby se muestra egoísta e incrédulo de todo lo que ocurre, considera que lo que aquel Don Quijote interpreta como verdad son meras alucinaciones, mientras que poco a poco se dará cuenta de la forma en que afectó la vida de todos los involucrados en aquella filmación para concluir que en El hombre que mató a Don Quijote de Terry Gilliam, toda esa entelequia forma parte de un presente aún más extraño, para finalmente convertirse en el fiel escudero de aquel caballero andante alienado.

Con un aire narrativo similar al de “Alicia en el país de las Maravillas”, pero en un mundo Quijotesco. Guilliam decide ser fiel a su característico sello estético, combinando presente y pasado, tanto en los paisajes agrestes, castillos medievales y pueblos antiguos, como con vestuarios del medievo y modernos. Del mismo modo obsequia a sus seguidores remanencias de su trabajo como diseñador artístico que recuerdan otras producciones de sus películas anteriores, mostrándolas como parte de la utilería de la producción de Toby.

Otro elemento que forma parte de su estilo es el juego de cámaras en el que el espectador se inserta a la alucinación como primera persona en los momentos más caóticos de la historia.
Es importante destacar que Terry Gilliam ha ganado un buen número de fans debido a su particular sentido del humor en el que lo ridículo constantemente convoca a la crítica social y moral que en este caso va dirigida a temas como la industria cinematográfica, la burguesía y la política principalmente. Todo esto en medio de la ironía caballeresca que caracteriza a la novela de Cervantes Saavedra.

Al final en El hombre que mató a Don Quijote de Terry Gilliam, se conjugan dos piezas artísticas con una gran diferencia lírica e histórica, pero ambas hacen mella de la época en la que se desarrollan y de los artífices que representan: el cine, la dramaturgia y la caballería.
Lánzate a ver El hombre que mató a Don Quijote de Terry Gilliam y ya que estás por ahí también ve Atroz, la película mexicana que retrata la realidad del crimen en nuestro país y estas películas que demuestran que el humor británico es el mejor

