The Mandalorian and Grogu llegó a los cines el 22 de mayo de 2026 como el regreso de Star Wars a la pantalla grande después de siete años de ausencia — la última había sido El ascenso de Skywalker en 2019. La película de Jon Favreau con Pedro Pascal al frente recaudó 246.9 millones de dólares en taquilla mundial, lideró el fin de semana de Memorial Day, y aun así generó la pregunta incómoda que nadie en Lucasfilm quería responder: ¿fue suficiente?
La película que Star Wars necesitaba — o la que pudo conseguir
Favreau diseñó The Mandalorian and Grogu como una puerta de entrada limpia: no hace falta haber visto The Book of Boba Fett, Ahsoka ni las tres temporadas de la serie para seguir la historia. Din Djarin y Grogu trabajan para la Nueva República cazando remanentes imperiales; la misión central gira alrededor de rescatar a Rotta el Hutt —hijo de Jabba— a cambio de información valiosa. La comparación que el propio director hizo es ambiciosa: quería el espíritu de la Star Wars original de 1977, accesible, directa, sin enciclopedia previa. La premisa es honesta. La ejecución es donde los críticos se dividen.
La recepción fue mixta desde el estreno en el TCL Chinese Theatre de Los Ángeles el 14 de mayo. La partitura de Ludwig Göransson y la actuación de Pascal fueron los puntos de consenso positivo. El guion, los visuales y las secuencias de acción recibieron cuestionamientos. No es una película rota; es una película que no termina de justificar por qué necesitaba dos horas y doce minutos en pantalla grande cuando podría haber sido un episodio de temporada larga — y esa es una crítica que duele más de lo que parece, porque toca directamente la relación entre Disney+ y la calidad narrativa de Star Wars.
Pedro Pascal, Sigourney Weaver y el reparto que sí funcionó
Si hay algo que la película tiene a su favor, es la elección de quiénes la rodean. Sigourney Weaver se suma como la Coronel Ward, veterana de la Rebelión, y su presencia añade un peso dramático que la historia necesitaba. Jeremy Allen White — sí, el de The Bear — presta voz a Rotta el Hutt, una elección de casting que en papel suena extraña y en pantalla termina funcionando mejor de lo esperado.
Pascal, por su parte, sigue siendo el ancla emocional de todo esto. Din Djarin como personaje depende de la dinámica con Grogu más que de cualquier acción o diálogo, y esa relación padre-hijo construida a lo largo de cuatro años de serie es lo que la película hereda con más gracia. Brendan Wayne y Lateef Crowder, los performers físicos del Mandaloriano, dan continuidad al trabajo corporal que la serie ya había pulido.
Los números que Lucasfilm preferiría no comparar
Con 102 millones de dólares en Norteamérica durante el fin de semana de Memorial Day y 165 millones globales en apertura, The Mandalorian and Grogu lideró la taquilla pero quedó por debajo de lo que los analistas anticipaban para un título de Star Wars. Para ponerlo en contexto: el debut se ubica entre los más bajos de la franquicia desde que Disney compró Lucasfilm, por debajo incluso de Han Solo: A Star Wars Story, que en su momento fue considerado una decepción comercial. Al 31 de julio de 2026, la película acumula 246.9 millones mundiales y ocupa el séptimo lugar entre las más taquilleras del año. No es un fracaso — llamarlo así sería impreciso. Es algo más incómodo: es una película que no levantó la ola de entusiasmo que se esperaba de Star Wars en la pantalla grande. La franquicia sigue buscando su próximo gran momento, y esta primera entrega cinematográfica post-serie deja claro que tener a Grogu no es garantía automática de magia.

