Hay historias que parecen salidas de una película de terror, pero cuando las cuenta alguien que las vivió en carne propia, se sienten demasiado reales. Así es el caso de Camila Fernanda, una joven que compartió en TikTok el recuerdo más oscuro de su vida: el tiempo en el que asegura haber sido perseguida, atacada y poseída por algo que hasta hoy no puede explicar.
Todo comenzó una noche cualquiera de 2013, Camila salió con unas amigas a tomar, sin imaginar que esa salida cambiaría su vida. Según su mamá, alguien le echó algo en el trago, ella nunca supo en qué momento pudo haber pasado, porque asegura que nunca perdió de vista su vaso. Cuando volvió a casa, estaba ebria, pero no era solo eso, esa noche, mientras hablaba con su mamá, empezó a contarle cosas que había callado por mucho tiempo, cosas que le habían pasado y que nadie había creído, pero su mamá, pensando que era producto del alcohol, se enojó y la mandó a dormir.
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Esa fue la noche en que todo se salió de control, ella recuerda haber visto, a los pies de su cama, unos ojos que la observaban con odio, eran reales, los vio claramente y la voz que la acompañó después fue igual de aterradora: le repetía una y otra vez que “iba a buscarla”.
Estuvo poseída durante días y ya contó como sobrevivió a esa aterradora experiencia

Su mamá fue a ver como estaba pero la encontró sentada en la cama, mirando fijo hacia donde decía ver los ojos. No parpadeaba, no reaccionaba, solo murmuraba que “ahí estaba”, asustada, la llevó a su propia habitación, pero lo que vino después fue todavía peor. Camila asegura que la figura que la atormentaba comenzó a aparecerse en las fotos familiares y esa imagen se quedó grabada para siempre en su mente.
Desde entonces, su mamá y sus hermanos dormían todos juntos para cuidarla, nadie sabía qué hacer y temían que pudiera lastimarse, lo poco que comía o tomaba debía estar hirviendo, café, sopas, agua todo tenía que quemarle la garganta, como si su cuerpo lo necesitara así.

Al día siguiente, su tía, también muy creyente fue a visitarla y mientras estaban en la sala, Camila sintió que algo volvía a manifestarse dentro de ella, empezó a ahogarse, su cuello se hundía como si alguien invisible la estuviera apretando. Su mamá y su tía intentaron detenerlo rezando, pero ella dice no recordar nada más de ese momento.
Durante los días siguientes, los episodios se repitieron, en uno de ellos, mientras acompañaba a su mamá a una feria, todo se volvió insoportable: no podía mirar a nadie a los ojos, porque aseguraba ver “eso” en cada persona. Después de eso, pastores comenzaron a visitarla en casa, querían ayudarla con oraciones y lecturas de la Biblia.

Hubo un episodio en particular que marcó el final de toda esa pesadilla, un día, su hermano llegó a casa con un amigo, al que ella llama Juanito, al verlo, sintió una presencia extraña, llamó a su mamá, gritó desesperada, y cuando llegaron, ella ya no era consciente de sí misma. La tuvieron que sujetar con fuerza mientras su mamá oraba, cuando todo terminó, Camila dijo que “Juanito traía algo”. Desde ese día, nunca más volvió a verlo.
Los pastores siguieron visitándola, uno de ellos incluso le mostró un libro bíblico y la ayudó a volver a hablar. Había pasado tanto tiempo sin hacerlo que su mandíbula se trabó, y hasta hoy le cruje cuando la abre, dice que no recuerda en qué momento volvió a ser ella misma, ni cómo logró librarse de lo que la perseguía, pero algo cambió.
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Después de todo eso, las pesadillas no se fueron, siempre soñaba con la misma casa donde todo comenzó. Soñaba con una señora mayor, de cabello blanco, moño y suéter tejido. Su mamá le contó que la casa donde vivían se había construido con partes de una casa vieja del campo, y que quizás esa mujer era la antigua dueña. Desde entonces, Camila empezó a tener parálisis de sueño. Sentía cómo algo subía por la cama, sentía el peso sobre su cuerpo, pero no podía moverse ni hablar. Solo rezaba y una sola vez, asegura, pudo ver lo que la atacaba.
Desde aquella noche, las parálisis desaparecieron. Pero el recuerdo, la sensación y la mirada que la perseguía desde los pies de su cama en 2013, todavía la acompañan.
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