En 1957 el físico estadounidense Hugh Everett formuló una teoría en la que afirma que existe un número enorme, quizás infinito, de universos paralelos. Esto implica que lo que no ocurre en nuestro mundo ocurre en una realidad alterna; sin embargo, luego de terminar su doctorado, Everett abandonó la física cuántica desalentado por la falta de apoyo a su teoría.
La Mecánica cuántica, estudia el comportamiento de la materia cuando las dimensiones de ésta son tan pequeñas que empiezan a notarse extraños efectos como la imposibilidad de conocer con exactitud la posición de una partícula o simultáneamente su posición y velocidad, sin afectar a la partícula. Esta rama de la Física cuenta con dos principios fundamentales:
1. Las partículas intercambian energía en paquetes –o quantums– de una cantidad mínima posible.
2. La posición teórica de las partículas es una posibilidad, no una certeza.

Podríamos imaginar entonces que a lado de nuestro Universo, existe otro en el que Everett no sólo tenía razón sino que además sentó la base para que se creara un de las historias más innovadoras y auténticas que ha dado el cine en el último lustro.
Múltiples historias respiran y palpitan por sí mismas y a la vez comparten un vértice central sobre el que se construye la narración; hablamos de la película “Comet”, una comedia dramática estadounidense del 2014 dirigida y escrita por Sam Esmail.
Entre el onirismo y la vigilia

Te despiertas y te dices que ya no estás soñando. Que “esto” no es un sueño. Aunque quizá lo que “soñaste” tampoco lo era. Tal vez era un recuerdo. Tal vez los sueños son los recuerdos de las otras versiones de ti en otros universos. Tal vez los déjà vu también lo sean; esa sensación de haber vivido algo de manera anticipada, pero también existe el déjà vecu, la sensación de saber lo que sucederá después. Y aún más extraño es el alter vu, es decir, cuando alguien recuerda su historia de manera diferente, y es consciente de que los hechos en su vida se están desarrollando de otra forma. Esto último es lo que sucede con los protagonistas de la cinta “Comet”; Dell (Justin Long) se reúne con Kimberly (Emmy Rossum) y empiezan a analizar, a través de flashbacks, lo que han vivido en los seis años que tienen de relación.

En la narración existen cuatro períodos atemporales que, si bien el espectador común pensaría que ha descifrado y ubicado en orden cronológico, pronto descubrirá que alguno, quizá, es el sueño de otro. Lo cierto es que todos estos escenarios se encuentran unidos por un único hecho: una lluvia de meteoritos ocurrida la noche en que Dell y Kimberly se conocieron. La escena del meritorio —deconstruida en segmentos regados a lo largo de la película— posee un sublime uso de los colores, cuya paleta e iluminación espacial adorna los diálogos más brillantes de la historia; un legado simbiótico entre la trilogía “Before”, de Richard Linklater y “Eternal Sunshine of the Spotless Mind”, de Michel Gondry.
La construcción de los personajes es sólida y Justin Long protagoniza uno de sus mejores papeles hasta la fecha. No obstante, es Emmy Rossum quien atrapa por completo el alma del espectador; con un carisma envidiable, ríe, grita, llora y vive a lo largo de cada una de sus versiones en la historia; personaje que recuerda también a la cinta de “Mr. Nobody”, de Jaco Van Dormael.
La mayoría de las escenas de este film se desarrollan en las conversaciones que entablan Dell y Kim. ‘”Comet”‘ es la primera incursión de Esmail en la pantalla grande; sin embargo, el director promesa ya mostraba un adelanto de lo que sería su sello personal, con “planos nihilistas” en los que la acción no transcurre en el centro focal de la imagen sino en algún área abandonada con desdén, pero también con total intención, recurso que también se aprecia en “Mr. Robot” —serie televisiva creada por Esmail—, ganadora de dos Golden Globes y aclamada por la crítica.
Ventanas a través de la verborrea

En el género de la comedia romántica no suelen encontrar ideas novedosas, pues parece que todas poseen una sola fórmula, aunque la historia de esta cinta no aporta como tal una trama nueva, la dirección de Esmail y el lente de Eric Koretz nos brindan un espectáculo visual que deleita las retinas, ya que usan técnicas ópticas más cercanas a la pintura que al cine.
Película cargada de referencias musicales y literarias que van desde Sartre hasta Roxette, “Comet” aboga por el guión a manera de verborrea, método que no sólo expone lo que dicen los personajes sino también lo que piensan. El cataclismo de palabras, una detrás de otra, que reside en la explosión cósmica de un astro que atraviesa el cielo.
El especialista Eugene Lim, profesor de Física de las Partículas y Cosmología en el King’s College de Londres, explicó que otros universos podrían existir en el mismo espacio físico que el conocido: “De hecho, inevitablemente deben chocar, dejando posibles marcas en el cielo cósmico que podemos tratar de buscar”.

Los cometas siempre están presentes entre nosotros, en fondos, decorados, en el ambiente sonoro e incluso como metáfora perfecta que define la relación de dos personas, al igual que se muestra en la cinta. Un cometa llega de forma rápida, torpe e inesperada, se desintegra en el cielo y parece algo magnífico, único y deja una marca de por vida, un recuerdo, un sueño lúcido, alegre y doloroso, como todas las relaciones amorosas.
A pesar de que cada versión de la relación entre Dell y Kim es diferente, en todas existe ese imán que los hace no poder alejarse, como si no importara si es un sueño o vigilia; la conexión que los une es más fuerte que cualquier cosa, aún con las derrotas y fracasos anticipados, pues como diría Thom Yorke: “los soñadores nunca aprenden”.
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Todas las relaciones están destinadas a suceder sin imaginarlo antes, sólo es posible sentir una conexión muy fuerte como si se hubieran recorrido distintas vidas para, por fin, encontrarse con esa persona en el mismo Universo, aunque a veces creamos que tanto amor no puede estar junto… por lo que estas teorías del amor te pueden ayudar en esa relación que crees destinada al fracaso.
