Han pasado más de diez años desde uno de los casos más mediáticos y dolorosos de México, pero para Lizette Farah, mamá de la pequeña Paulette Gebara, la historia está lejos de haber terminado. Aunque el tiempo avanzó y la vida pública siguió su curso, el nombre de su hija volvió a aparecer en conversaciones, redes sociales y pantallas de streaming, sin su consentimiento.
El estreno de la serie “Historia de un crimen: La búsqueda” en Netflix reabrió una herida que nunca cerró del todo. Para muchos fue solo un true crime más para maratonear, comentar en X o debatir en TikTok, para Lizette, fue revivir una tragedia personal que cambió su vida para siempre y que, según ella, la volvió a colocar en el ojo del juicio público.
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Ahora, Lizette Farah decidió dar un paso que pocos esperaban: iniciar un proceso legal contra Netflix. No se trata de censura ni de borrar la historia, sino de algo mucho más profundo: el impacto real que este tipo de contenidos puede tener en la vida de las personas que siguen aquí, tratando de sobrevivir al pasado.
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De acuerdo con información difundida por medios nacionales, Lizette Farah presentó una demanda contra Netflix por la serie basada en el caso de su hija. Su abogado, José Manzo, explicó que la producción no solo revivió el dolor del caso, sino que generó consecuencias directas en la vida cotidiana de su clienta.
Según Manzo, la serie provocó una ola de revictimización. Lizette comenzó a recibir mensajes, correos y comentarios en redes sociales que la señalan, la juzgan y la vuelven a colocar como sospechosa, a pesar de que el caso lleva años cerrado, para alguien que intenta rehacer su vida, esto no es solo incómodo: es devastador.
El abogado también señaló que el impacto no se quedó en lo emocional, Lizette ha enfrentado rechazo social, hostigamiento y problemas en su vida profesional. Negocios que se caen, oportunidades que desaparecen y una constante sensación de estar siendo observada, a donde va, el tema vuelve a salir, como si el tiempo no hubiera pasado.

Uno de los puntos más fuertes del testimonio tiene que ver con el miedo, Manzo aseguró que su clienta vive con paranoia constante. Desde situaciones cotidianas, como estar en un restaurante y sentir que alguien podría reconocerla, hasta el temor de que una persona influenciada por la serie quiera confrontarla o agredirla.
“El problema no es solo el recuerdo, sino la forma en que la serie la retrata”, explicó el abogado.
Según él, al presentarla como una figura sospechosa, se alimenta una narrativa peligrosa que puede llevar a que alguien quiera tomar justicia por su cuenta, como un “vengador anónimo”. La demanda avanza por dos vías legales: una está relacionada con la propiedad intelectual y el uso indebido de su imagen; la otra es una demanda civil por daño moral. De acuerdo con la ley, explicó Manzo, se podría reclamar hasta el 40% de las ganancias de la serie como reparación del daño.
Para Lizette Farah, la serie no fue solo una producción más en Netflix, fue una nueva condena social. Y hoy, su demanda busca algo que muchas veces se olvida en estas historias virales: dignidad, reparación y la posibilidad de seguir adelante sin miedo.
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