El estreno de Chespirito: Sin querer queriendo en HBO Max ha reavivado la nostalgia por el universo cómico de Roberto Gómez Bolaños. Pero también ha reabierto una conversación incómoda: ¿qué hacemos hoy con los chistes que antes se aplaudían sin cuestionar? Uno de ellos, recuperado por usuarios en redes sociales, muestra al Doctor Chapatín en un sketch transmitido por televisión nacional haciendo una referencia sexual hacia niñas menores de edad. Los demás actores se ríen. La escena continúa como si nada.
Hoy, sin necesidad de exagerar ni manipular el contexto, basta con volver a ver el clip para reconocer lo obvio: ese chiste nunca debió dar risa. Ni en 1970 ni ahora.
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El chiste de Chespirito sobre menores de edad
Durante décadas, gran parte del humor televisivo en México —y en muchos otros países— recurrió a estereotipos, dobles sentidos y dinámicas de poder disfrazadas de comedia ligera. El entretenimiento de antes no era inocente solo porque así se le llamaba. Era una maquinaria de producción cultural que reforzaba valores, silencios e ideas que hoy se han evidenciado como parte de sistemas de violencia normalizada.
Ese tipo de chistes no solo se emitieron. Se celebraron. Se aplaudieron. Y, en muchos casos, fueron la primera forma en que generaciones enteras aprendieron a reírse de temas que hoy deberían ser abordados con seriedad y sensibilidad.

El sketch, el personaje, el silencio
El Doctor Chapatín, uno de los personajes clásicos de Chespirito, aparecía como un anciano gruñón, torpe y supuestamente inofensivo. Pero bajo esa máscara caricaturesca, algunos de sus comentarios caían en lo que ahora entendemos como sexualización encubierta y acoso, incluso si en su momento parecían solo parte del absurdo.
Lo preocupante es que la nueva serie biográfica evita por completo estas escenas. En los episodios disponibles, el foco está en la genialidad creativa de Gómez Bolaños, sus tensiones laborales y su historia de amor. Pero no hay un solo atisbo de autocrítica sobre los límites del humor de su época, ni sobre los efectos que esos contenidos pueden tener hoy, en un contexto completamente distinto. Y eso también es un acto de elección narrativa.
Reír o no reír: esa es la cuestión
No se trata de borrar el legado de Chespirito. Pero sí de poder verlo completo, con todas sus contradicciones a la vista. Porque si hay algo más incómodo que aquel chiste, es la forma en que todavía hoy algunos insisten en defenderlo como si fuese intocable. Como si nombrarlo fuera una falta de respeto, y no una responsabilidad mínima para con las generaciones actuales.

Es evidente que Roberto Gómez Bolaños no escribió esa línea pensando en provocar daño. Pero lo que importaba antes era la intención; lo que importa ahora es el impacto. Y el impacto de reproducir chistes que involucran a menores en un contexto sexual, aunque sea desde el absurdo, no puede minimizarse con la excusa de “eran otros tiempos”. Lo eran. Pero eso no significa que estaban bien.
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