El Conjuro 4 está siendo todo un fenómeno desde su estreno mundial pero hay algunos secretos oscuros que se contaron en la escena post-créditos y no muchos se dieron cuenta.
El Conjuro 4: Últimos Ritos llega como un cierre cargado de nostalgia para la saga Warren, nos regresa a los años 80 y se mete en el expediente Smurl. Muestra a una pareja de investigadores ya gastada por tantas batallas contra lo inexplicable. Sin embargo, la película no busca sólo asustarte, sino que intenta mostrar el desgaste físico, emocional y espiritual que deja enfrentarse a lo sobrenatural durante décadas, y lo hace sin resolver del todo el caso —exactamente como pasó en la vida real—, dejándote con una sensación de desasosiego que debería dejarte pegado hasta la escena post-créditos, pero no todos se quedaron.
Qué pasó en la escena final de El Conjuro 4
A ver, en la película, Jack y Janet Smurl junto con su familia empiezan a sufrir fenómenos cada vez más agresivos —olores extraños, sombras que aparecen sobre la cama, objetos que se mueven por sí solos y ataques físicos—.
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Para esto, los Warren ya estaban retirados y volvieron al ruedo con este caso, en el que encuentran una presencia muy distinta, mucho más compleja de lo habitual. El Conjuro 4 nos lleva a momentos más íntimos y recuerdos que en vez de cerrar con una explicación, te recuerda que algunos casos no tienen final limpio. Eso prepara el terreno perfecto para la escena post-créditos, que no es un simple guiño, sino una especie de epílogo simbólico y emocional para toda la saga.
Ahora sí lo importante: la escena post-créditos de El Conjuro 4, y es que no es una escena de terror clásica, sino que el foco pasa al Espejo Conjurador, un objeto que en los archivos reales de los Warren aparece como uno de los más peligrosos de su museo. En la película el espejo funciona como un puente entre el pasado y el presente: aparece como el hilo que conecta el inicio y el final de la historia de Ed y Lorraine, y eso le da a la escena una carga simbólica fuerte.
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Pero lo que realmente te pega es que, entre tomas y planos, la película corta a imágenes reales de Ed y Lorraine Warren —no a los actores— con ese grano y textura de video casero de otra época. Ver a las personas reales detrás del mito le da un peso humano que no esperabas y, a la vez, un escalofrío distinto, pues lo que estás viendo no es ficción pura, son recuerdos de gente que vivió esto.
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La escena también hace una mención directa a Judy, la hija de los Warren, y su vínculo con el espejo. Se sugiere que ese objeto fue un peligro presente en los momentos más delicados de la familia, y que de alguna manera cerró un ciclo: fue, simbólicamente, el primero y el último peligro con el que la familia tuvo que lidiar.
Al terminar con el espejo, El Conjuro 4 no sólo concluye una trama de terror sino que se transforma en una metáfora de todas las batallas espirituales que llevaron a cabo los Warren y de la delgada línea entre lo cotidiano y lo sobrenatural.
Si eres fan de la saga, quedarte hasta el final es una obligación que te regala un momento íntimo. Así que ya sabes: la próxima vez que salgas del cine, mejor quédate en tu asiento un rato más.
