Usar la Ouija no es ningún juego y aunque eso ya es una lección que decenas de películas nos han repetido hasta el cansancio, pocas son las personas que saben la razón por la que por ningún motivo debes preguntarle a la tabla cuándo vas a morir.
A continuación te contaremos una historia que, lejos de ser un relato de fantasmas, es una aterradora e intensa experiencia real que una joven y su mejor amiga vivieron y que ahora tiene al Internet deseando jamás haber leído.
¿Por qué nunca deberías preguntarle a la Ouija cuándo vas a morir?
Ana y Penélope eran adolescentes con un pasatiempo poco común: jugar con la Ouija. Penélope, la más “sensible” espiritualmente, solía tomar la iniciativa, y a veces incluso involucraba a su hermana mayor en sus sesiones.
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Una noche, después de ver una película donde unos chicos preguntaban a una bruja la fecha de su muerte, a Penélope se le ocurrió la “brillante” idea de hacerle la misma pregunta a su tabla Ouija.
Ana y la hermana de Penélope estaban totalmente en contra. No querían saber su destino, pero Penélope estaba decidida. Sentada frente a la tabla con confianza, preguntó: “¿A qué edad voy a morir?” Y, como si estuviera preparado, el vaso que usaban comenzó a moverse, deletreando una respuesta escalofriante: 22.
Cabe destacar que esto sucedió cuando las chicas tenían tan solo 12 años y aunque la respuesta fue olvidada con el tiempo por las chicas, lo que ninguna esperaba era que la vida de Penélope iba a cambiar para siempre a partir de esa noche.
Todo empezó a complicarse cuando a los 16, el novio de Penélope murió estrangulado al caer mientras colgaba unas luces en su patio, provocando en la chica una extraña mezcla de ira y tristeza que la motivó a revelarle a su amiga que ella sabía que su muerte estaba cerca, pues nunca había olvidado la profecía de la Ouija.
La vida siguió y las amigas se distanciaron, hasta que un día Ana se enteró por un video en Instagram que Penélope se había casado, al seguir viendo el video, notó que había una niña cantando y sosteniendo una Biblia que en un momento se acercó hacia Penélope y le dijo: ¿Cómo se siente saber que vas a morir pronto?
El tiempo pasó, y Penélope cumplió 22, ya con esposo y bebé. Durante un viaje familiar a unas cabañas, salió a dar un paseo en auto por las montañas nevadas con su prima, algo que había hecho incontables veces. Pero esta vez fue diferente. El auto patinó en el hielo y se precipitó por un acantilado. Su prima sobrevivió. Penélope no. Tal como la Ouija había predicho, murió a los 22.
Esta historia es solo nos recuerda que nunca debemos preguntarle a la Ouija sobre nuestra muerte, pues corremos el riesgo de que un espíritu juegue con nuestra mente y aproveche nuestros miedos para arrastrarnos a su mundo.
Esta nota fue escrita originalmente en inglés por Celina Lozano.
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