Nawat Itsaragrisil, exdirector de Miss Universo 2025, acaba de pedir una orden de arresto contra la mexicana Fátima Bosch, acusándola de difamación y difusión de información falsa. El mismo hombre que fue captado en video gritándole, humillándola y llamándola ‘tonta’ durante una reunión previa a la final del certamen hace un año ahora quiere meterse con nuestra nena.
El video que lo expuso y el caso que no ha cerrado
Todo empezó en 2025, durante los preparativos de la final de Miss Universo 2025. Un video filtrado mostró a Nawat Itsaragrisil en una reunión con Fátima Bosch perdiéndole el respeto a la mexicana: gritos, insultos, y en algún momento la palabra «tonta» saliendo de su boca con una naturalidad que helaba. El clip se viralizó de inmediato, Nawat fue expuesto públicamente y su figura quedó marcada como símbolo de abuso de poder dentro del mundo de los concursos de belleza.
Lo que no sabíamos es que, mientras eso ocurría, Nawat ya había presentado una demanda formal contra Fátima en los tribunales de Tailandia. La investigación estuvo en curso durante meses sin que trascendiera demasiado, hasta ahora, cuando el exdirector publicó en sus redes que ha solicitado que el caso se acelere y que se emita una orden de arresto en contra de nuestra Fátima.
Fátima Bosch responde: ‘Exigir dignidad no es un crimen’
Ante el anuncio, Fátima Bosch no tardó en emitir un comunicado. Su mensaje fue directo: señaló que es preocupante que en pleno siglo XXI una mujer sea intimidada por exigir ser tratada con dignidad y respeto. Sin entrar en detalles jurídicos, dejó claro que no se siente culpable de nada y que no va a callar.
Y amamos que Fátima no haya enmudecido. Porque la lógica de lo que Nawat acusa choca con lo que el video documenta: él le gritó, él la humilló, él llamó «tonta» a una representante de México frente a otras personas. Que ahora sea la mujer del otro lado del grito quien enfrente una orden de arresto es exactamente el tipo de inversión de responsabilidad que más daño hace cuando se normaliza. La nota aquí no es el proceso legal, sino el patrón: usar el poder, primero de manera directa y luego de manera institucional, para silenciar a quien se atrevió a no aguantar.
