Desde que se estrenó la serie ‘Chespirito: Sin querer queriendo’, los reflectores se los llevó Florinda Meza, pero hoy queremos dedicarle atención a quien realmente se partió el alma mientras Roberto Gómez Bolaños construía su fama, hablamos de Graciela Fernández: la esposa que no solo estuvo al lado de Chespirito, sino que lo respaldó sin pedir nada a cambio.
Es increíble pensar que la versión clásica del Chapulín Colorado que todos conocemos es, en realidad, una obra colectiva donde Graciela, la primer esposa de Roberto Gómez Bolaños, puso la mitad de su ingenio y la mitad de su amor y aquí vamos a sacar a la luz todo ese trabajo que muchos desconocen, porque él habrá ganado fama, pero ella puso el sudor.
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Graciela Fernández es la esposa olvidada de Chespirito y la mente maestra detrás de su éxito

De origen argentino, Graciela conoció a Roberto en la Ciudad de México cuando él tenía 22 años y ella apenas 15. Se casaron en 1956 y tuvieron seis hijos entre finales de los 50 y los 70, pero su relación se rompió en 1977, tras doce años juntos, cuando él inició un romance con Florinda Meza.
Cuando Bolaños contó su idea de un héroe torpe y rojo, no solo soñaba y para lograrlo necesitaba ayuda. Graciela no pensó dos veces, se fue al mercado, compró telas, y le confeccionó el traje en verde para su primera prueba en Canal 8. Cuando le dijeron “no puede ser verde, que sea rojo”, ni siquiera pestañeó: volvió a hacerlo desde cero, si eso no es amor, entonces no sé que sea.
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Pero su aporte no terminó ahí, también improvisó las “antenitas de vinil” recortando su propio brasier y bordando el emblema de corazón con las iniciales “CH+CH” (“Chela y Chespirito”), inspirado en una nota de amor que le escribió a Roberto. Sus hijas también dieron su aportación al programa, una de ellas habría sugerido cambiar el nombre de “Chapulín” por “Colorado”, y a otra se le atribuye el famoso “¡Que no panda el cúnico!”.

La serie explica también que esta mujer aguantó más de dos décadas de matrimonio sin buscar protagonismos, siempre detrás de cámaras, apoyando guiones, viajes, ideas en producción y sobre todo, a sus hijos.
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Pero, ¿qué pasó después?
Toda la historia cambia cuando Roberto y Graciela se divorciaron en 1977, cuando él empezó su relación con Florinda Meza (oficializada en 1989). Graciela, según versiones de medios confiables, optó por proteger su privacidad y la de sus hijos, por lo que nunca dio entrevistas ni buscó aplausos, y se mantuvo lejos del espectáculo, hasta que murió en agosto de 2013, sin un gran reconocimiento público por su impacto en la historia del Chapulín.
Hoy, la serie Sin querer queriendo, mete la cuchara en ese drama y por fin se está hablado de Graciela, quién es interpretada por Paulina Dávila. En la producción, por fin se le ve como lo que fue: una mujer creativa, sensible, comprometida y la arquitecta del éxito de Chespirito.
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