El cine mexicano ha sabido retratar algunas de las historias más escalofriantes y perturbadoras del país, y uno de esos ejemplos es “Castillo de la Pureza”, un filme que sin duda impactó a todo el que lo vio y que hoy por hoy es considerado como una de las mejores películas nacionales.
Esta película, dirigida por Arturo Ripstein, protagonizada por Claudio Brook y Diana Bracho se estrenó en 1972 y bajo la maravillosa pluma de José Emilio Pacheco se inspiró en un caso real que conmocionó a la sociedad mexicana.
La historia que inspiró Castillo de la Pureza
La verdadera historia detrás de “Castillo de la Pureza” salió a la luz en 1959, cuando la policía mexicana descubrió que dentro de la que parecía ser una casa normal, ubicada al norte de la Ciudad de México, una familia había vivido un verdadero infierno debido a que el padre decidió encerrar a su esposa e hijos en su hogar durante 18 años.
Rafael Pérez Hernández contrajo matrimonio en 1938 con Sonia María Rosa Noé Uzueta. Juntos tuvieron seis hijos, cuyos nombres fueron cuidadosamente elegidos para reflejar la visión de Rafael de crear una estirpe de personas puras. Así, sus hijos fueron nombrados: Indómita, Libre, Soberano, Triunfador, Bien Vivir, y Libre Pensamiento.
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La familia se mudó a finales de los años 30 a una vivienda sobre Insurgentes Norte y la calle Godard, conocida por los vecinos como “La casa de los macetones”, cuando su primera hija tenía tan solo unos meses de nacida.
Sin embargo, la pesadilla comenzó cuando, poco tiempo después, el padre decidió mantener a su familia aislada del mundo exterior con la excusa de protegerlos de las “tentaciones” de la sociedad.
Rafael controlaba cada aspecto de sus vidas, motivo por el cual los niños no podían ir a la escuela, no tenían amigos y su única actividad era ayudar a su padre en la elaboración de veneno para ratas, producto que vendían para mantener a la familia.
Durante 18 años, ninguno de los pequeños o la esposa salieron de la casa, la casa tenía tablones de madera en las ventanas para que ellos no pudieran asomarse a la calle, ni interactuar con nadie y en caso de romper alguna de las reglas de su padre eran severamente castigados.
El horror llegó a su fin cuando la hija mayor, que para 1959 tenía 18 años, decidió pedir ayuda escribiendo en un pedazo de papel de estraza una nota de auxilio, misma que fue encontrada por una persona que pasaba por el lugar y acudió a la policía.
Rafael fue Rafael recluido en Lecumberri y en 1972 murió en su celda tras ahorcarse.
No hay duda de que la realidad siempre puede ser mucho peor que la ficción. Si aún no ves “Castillo de la Pureza” te recomendamos verla, pues la película a pesar de los años sigue siendo una de las obras más aclamadas de Ripstein y un ejemplo del cine mexicano que no teme abordar temas incómodos y oscuros.
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