Lo que debía ser un viaje familiar tranquilo desde París a Marruecos terminó convirtiéndose en una historia digna de anécdotas de fin de semana, pues un hombre de 62 años olvidó a su esposa en una gasolinera y manejó más de 300 kilómetros sin darse cuenta de que ella no estaba en el coche.
Y sí, aunque suene increíble, pasó de verdad. Todo sucedió en Francia, cuando esta pareja, acompañada de su hija, decidió hacer una parada en una gasolinera cerca de la ciudad de Orléans. Como en cualquier parada de viaje, cada quien se bajó a hacer lo suyo, baño, compras o solo estirar los pies.
La mujer fue al baño, pero sin avisarle ni al esposo ni a la hija, así que él terminó de cargar gasolina, subió al auto, creyó que ya estaban todos y sin pensarlo dos veces, siguió con su camino
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Un hombre olvidó a su esposa en una gasolinera y así fue como se dio cuenta

La hija de la pareja iba dormida en el asiento trasero, por lo que tampoco notó que su mamá no se subió. El papá siguió con su camino durante varias horas sin darse cuenta de que faltaba alguien en el auto y fue hasta que se acercaban a la región de Las Landas, a unos 320 kilómetros de distancia, que el hombre entró en crisis, pues se dio cuenta de que su esposa no estaba.
En pleno ataque de pánico, se detuvo y trató de recordar dónde habían parado, pero no lo logró. Así que al final, tuvo que llamar a la policía porque no tenía ni idea de dónde la había dejado. Mientras tanto, la mujer, que había pasado varias horas esperando en la estación de servicio, ya había contactado a las autoridades locales para avisar que su familia la había dejado olvidada ahí.
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La policía se encargó de armar el rompecabezas y después de tener ambas partes de la historia, confirmaron que efectivamente había sido un accidente, no hubo malicia, solo un descuido de esos que ni siquiera puedes creer que sean reales. Por fortuna, todo terminó bien: la pareja pudo reencontrarse (aunque probablemente hubo una gran discusión), y los agentes permitieron que continuaran su trayecto a Marruecos.
Eso sí, queda la pregunta que todo mundo se está haciendo: ¿cómo es que no se dio cuenta en tanto tiempo? ¿Ni una plática, ni una mirada al asiento? Tal vez nunca lo sabremos, lo que sí es que esta anécdota seguramente se contará en cada reunión familiar durante años.
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