Luisito Comunica se volvió tendencia tras subir un video sobre comida callejera en Cuba que no cayó nada bien. El problema no fue mostrar platillos típicos, sino hacerlo sin hablar del contexto: en la isla, conseguir esos alimentos es un lujo que pocos pueden darse. Ante la oleada de críticas, el influencer reconoció su error y publicó una disculpa. Pero lo que parecía otro video turístico terminó siendo el punto de partida para un debate más grande sobre la responsabilidad de los creadores de contenido.
El video que desató la controversia
El 19 de mayo de 2025, Luisito subió a YouTube un video titulado “Comida callejera en Cuba”, donde probaba pan con lechón, jugos naturales, dulces típicos y ropa vieja. Como siempre, su tono era relajado y entusiasta. Pero esta vez no hubo contexto sobre la escasez de alimentos, la inflación o las restricciones que enfrentan los cubanos en su día a día.
Muchos usuarios, especialmente cubanos, le reclamaron haber presentado estos alimentos como algo cotidiano cuando la mayoría de la población apenas sobrevive con lo básico. Una joven escribió: “Soy cubana y nunca he probado ni vaca frita ni ropa vieja. En mi casa comemos picadillo y salchicha… si hay”. El video se viralizó y las críticas se multiplicaron, acusándolo de romantizar una realidad profundamente desigual.

La disculpa de Luisito Comunica
Un día después, Luisito publicó una disculpa tanto en sus redes como en el propio video. Admitió que se equivocó al no mencionar las dificultades para acceder a los alimentos que mostró. Dijo que su intención era celebrar la cultura cubana, pero aceptó que falló al no mostrar la otra cara de la moneda.
“Gracias por completar la verdad y por informarse en los comentarios”, escribió. También agradeció a quienes compartieron sus experiencias y animó a su audiencia a leer los comentarios para entender mejor la situación. El gesto fue bien recibido por algunos, sobre todo porque no eliminó los mensajes críticos ni trató de justificar lo ocurrido.
Las reacciones tras la disculpa
La disculpa dividió opiniones. Algunos cubanos valoraron que escuchara y respondiera, y que permitiera que sus seguidores conocieran una realidad que muchos desconocen. También hubo quienes aprovecharon para pedirle que mostrara la “otra Cuba”, la que no sale en las postales.
Pero otros no quedaron conformes. Usuarios en TikTok señalaron que la disculpa, aunque honesta, no borraba el daño ni la percepción idealizada que el video reforzó. Varias personas mencionaron que alguien con su alcance debería investigar más antes de grabar. Aun así, hubo quienes defendieron su postura, destacando que cometer errores es parte del proceso, y que su forma de asumirlo fue un buen ejemplo de cómo reaccionar con responsabilidad.
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El impacto en la conversación digital
Este episodio volvió a poner en el centro del debate la responsabilidad de los influencers, sobre todo cuando viajan a países con contextos difíciles. Aunque no fue su intención, el video de Luisito generó una conversación importante sobre la crisis alimentaria en Cuba. Y, de paso, demostró que no basta con mostrar comida o paisajes bonitos: también hay que entender y contar lo que no siempre se ve.
Luisito ha recibido críticas en el pasado, pero esta vez su respuesta fue distinta. El video sigue en línea, pero con un comentario fijado que advierte sobre el contexto antes de verlo, algo que muchos usuarios agradecieron por su transparencia.
Una lección sobre sensibilidad cultural
Lo que empezó como un recorrido turístico terminó mostrando lo frágil que puede ser la línea entre celebrar una cultura y trivializar sus problemas. La reacción de Luisito no borró el mal sabor, pero sí mostró una disposición a escuchar y aprender, algo que no todos los creadores hacen.

Y mientras él sigue adelante con su canal, esta experiencia lo deja con una lección clara: tener una cámara y millones de seguidores también significa tener una enorme responsabilidad. Porque detrás de cada platillo típico, cada rincón pintoresco y cada sonrisa en cámara, hay realidades que merecen contarse completas.
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