Desde el principio de La Granja VIP Eleazar Gómez nunca fue el favorito, y con todas sus actitudes en contra de César Doroteo, Eleazar seguirá siendo uno de los menos queridos. Algunos ya han acusado al actor de homofóbico, pero la realidad es que eso solo es la punta del iceberg y hay mucho más detrás de lo que vemos por encima.
La tensión no viene de un pleito real ni de un enfrentamiento directo. Teo no lo ha traicionado, no ha hablado mal de él ni lo ha provocado. El rechazo viene solo de Eleazar Gómez… y desde el día uno. Mientras otros participantes han tenido roces normales por las dinámicas de la granja, lo que Eleazar siente hacia César es distinto: es un rechazo visceral y casi automático.
No hay una razón “objetiva”, y ahí es donde el público comenzó a notar que la incomodidad que él tiene con Teo no nace de la convivencia, sino de la sola existencia del otro.
El turbio fenómeno psicológico detrás del odio irracional de Eleazar Gómez a Teo en La Granja VIP
En la primera gala de eliminación se mostró un video donde Eleazar Gómez y Sergio Mayer Mori decían que querían que César fuera expulsado, y cuando Teo regresó, Eleazar lo abrazó frente a cámaras como si nada. Ese contraste fue el detonante: hipocresía pura según las redes.
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Días después se viralizaron más fragmentos donde Eleazar Gómez admite abiertamente que no quiere trabajar ni compartir tareas con César, y que lo va a seguir nominando simplemente “porque le caga”, sin ninguna justificación real. A eso se suma un comentario que muchos calificaron como homofóbico por el tono en el que se refirió a él durante una dinámica.
Mientras tanto, Teo ha reaccionado con calma y hasta con paciencia, lo que ha hecho más evidente que la incomodidad y el desprecio solo van en una dirección.
No es solo homofobia: Es ‘masculinity threat’
Cuando un hombre heterosexual muestra rechazo extremo hacia un hombre gay que no lo ha agredido ni provocado, lo que se activa no es miedo al otro… sino miedo a lo que el otro representa. A eso se le llama “masculinity threat”: la sensación inconsciente de que la propia masculinidad se ve “amenazada” por la existencia de alguien que rompe con la idea tradicional de ser hombre.
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No se trata de Teo como persona, sino del símbolo:
- un hombre libre, seguro de sí mismo, que no encaja en el molde conservador
- y que no necesita pedir permiso para ser quien es.
Eso descoloca a quienes construyen su identidad masculina sobre la validación externa, el “cómo debo verme” y el “qué debe pensar la gente de mí”. El otro se vuelve un espejo incómodo. Por eso la rabia parece “sin motivo”: porque la lucha no es con Teo, es con su propio ego y su propia inseguridad. Si la masculinidad fuera sólida, la presencia de Teo no generaría rechazo.
Lo que estamos viendo en Eleazar Gómez no es solo un episodio de intolerancia, sino un caso claro de fragilidad masculina reaccionando ante alguien que le recuerda —sin querer— que su identidad no está tan firme como cree. No es casualidad que Teo, con su serenidad y dignidad, haya ganado más apoyo social que cualquier discurso agresivo. Porque al final no es Teo quien lo amenaza. Es Eleazar peleando contra su propio reflejo.
