
«Mi propósito no es simplemente escandalizar, sino arrancar brutalmente el sentido de pecado».
—Aleister Crowley
Imagina un cuarto completamente oscuro, adentro hay un montón de personas vestidas de negro y, de pronto, un silencio brutal enmudece a todos. Se sientan y esperan a que el líder de la primera muestra de vida. Se abre la puerta y entra un hombre con un pequeño animal en las manos, se postra en medio del cuarto con una veladora alumbrando su camino. Una vez que toda la atención se centra en él, procede a cantar algunos versos que invocan a Satanás.
«Salve Satanas, Salve Satanas, Salve Satanas
In nomine dei nostri satanas luciferi excelsi
Potemtum tuo mondi de Inferno, et non potest Lucifer Imperor
Rex maximus, dudponticius glorificamus et in modos copulum adoramus te
Satan omnipotens in nostri mondi».
Coloca al animal en una mesa y saca de sus mangas un filoso y enorme cuchillo. El hombre acaricia el cuello del animal y sin dejar de repetir el rezo, clava profundamente el arma sobre el cuello. Lo mueve hacia ambos lados mientras la criatura se queja de dolor y lentamente muere. Toma su sangre y la salpica a los asistentes como si se tratara de agua bendita. Bebe el líquido restante; lo saborea y hace una señal con la mano. El ritual ha concluido.
Todos deben irse, pueden rezar por sus almas, por sus vidas, pero nada más, pidan sus deseos más bajos y regocíjense, que Satán ronda en la habitación, te escucha y te abraza. Él está aquí.

A lo largo de su vida, Aleister Crowley se hizo llamar de diversas formas. En el mundo del ocultismo era conocido como el maestro, el líder y el ejemplo a seguir, entre “Baphomet”, “El Maestro del 666” o simplemente “El Mago Negro”. Aún con ello, las misas negras no eran su principal atractivo. Las oficiaba, pero evitaba hacerlo ya que no se consideraba un sacerdote; de hecho, en su opinión, la persona indicada para realizar una ceremonia de tal calibre debía ser un cura convencional, debido a que la idea era profanar el sacramento, burlarse del culto, entonces, alguien que conocía netamente la forma de efectuar una misa o un ritual cristiano, sabría como llevar a cabo efectivamente un acto de oscuridad.

Por este tipo de cosas, un juez inglés lo llamó “el hombre más perverso del mundo” a lo que Crowley se mostró empático. Uniéndose a la Orden Hermética de la Aurora Dorada en donde hablaban de hechicería, practicaban algunos rituales pequeños e invocaban algunos ángeles y demonios. Construían talismanes y amuletos y cantaban ciertas melodías que eran simplemente para atraer la buena fortuna. Crowley, sin embargo, sabía que la magia negra y blanca no podían mezclarse, pero venían de un mismo lugar, así que hizo dos pequeños templos, uno dedicado a la magia oscura y otro a la divina, pero a decir verdad, no practicaba mucho la segunda.

Como cualquier otro mortal, Crowley se enamoró de una joven con la que decidió casarse en Egipto. Ahí, mientras pasaban una noche en la Gran Pirámide, invocaron al Dios con cabeza de Ibis (representante de la sabiduría), su esposa, entre sudores y un poco de desconcierto, recibió una señal de Horus, en cuya estatua tiene el mítico número 666. Sin pensarlo, Crowley preparó una especie de contacto paranormal con la deidad. Sin embargo, quien se comunicó con ellos fue un ángel guardián de la pareja: Aiwass, un mensajero de Set, ángel que fue arrojado del cielo, es decir el propio Satán.
Este mensajero le dictó “El Libro de la Ley”, cuya premisa es sencilla, pero contundente: «No hay otra ley más allá de “haz lo que quieras”». Además debía deambular por el mundo “educando” sobre la existencia de la verdadera voluntad, que consistía en que uno mismo decide su vida, ni un Dios ni nadie más se debe hacer cargo de ella, esa es el alma del ser humano: la voluntad. Dentro del libro, que posteriormente fue escribiendo, ilustró una parodia de la “Última Cena” que desembocaría posteriormente y gracias a discípulos suyos como Anton Lavey, en el satanismo moderno.

Así con una vida llena de viajes y creencias poco usuales, Crowley falleció en una casa de huéspedes de Hastings en 1947, a causa de una bronquitis aguda. Fue incinerado en una ceremonia en la que se hicieron cantos y rezos por su alma, que el señor de las tinieblas (llamándolo vulgarmente) se apiadara de él y le reconociera el valor que había tenido al llevar por el mundo la filosofía del “hacer lo que quieras”. Vivir sin rendirle cuentas a un Dios bondadoso que al final resta o multiplica a placer, aplicando una ley cual juez.
Se dice que sus últimas palabras fueron a su enfermera “estoy perplejo”, otros aseguran que dijo “a veces me odio a mí mismo” y otros más dicen que no dijo nada simplemente se fue. Lo cierto es que su muerte se dio en medio de una tormenta eléctrica con viento, alguien le estaba diciendo adiós.

El Rock N’ Roll & Aleister Crowley
Luego de años de la muerte del mago, seguía siendo un mito y una molestia para muchas personas.
Hubo un grupo que se identificó con su filosofía, fueron los jóvenes rebeldes, aquellos que usaban el cabello largo, se colgaban una guitarra y usaban drogas. El mito Crowley ha estado unido firmemente con la contracultura juvenil. Todo aquello que vaya en contra de lo establecido es bienvenido en la filosofía satanista, o mejor dicho, todo aquello que no tenga cabida en la concepción tradicional.
The Beatles, le tenía cierto culto al hombre de la magia oscura, no por sus creencias, (aunque siempre se dijo que Paul McCartney tenía ciertas tendencias ocultistas), sino por la manera en que se negó a rendirle culto al Dios convencional; incluso lo desafió y le fue bien en la vida, así que le hicieron un pequeño espacio en la portada de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band junto a un montón de íconos mundiales. Del mismo modo, David Bowie le rindió tributo en ‘The Man Who Sold The World’, luego de haberse sumergido en la obra del satanista y haber practicado rituales y exorcismos en su casa con el fin de empaparse mejor del pensamiento de Crowley.

Ante semejante acto, los Rolling Stones no dudaron en volverse parte del mito. Jagger y Richards fueron considerados una reencarnación de Lucifer por parte de los fans y la prensa, ante lo que entre risas afirmaban, pero no se quedó ahí. Estudiaron para poder dar un espectáculo satánico como del que tanto eran acusados y que sin pensarlo, se volvió parte de su vida por un tiempo. De la misma manera, Bruce Dickinson, vocalista de Iron Maiden se involucró en el estudio de la filosofía Crowley al grado de escribirle una canción, ‘Revelations’ que narra el momento en que el mago se proclamaba a sí mismo como “La Bestia 666”. Además escribió un libro sobre él que según la crítica, es muy certero y se acerca mucho a a su filosofía.

John Frusciante, guitarrista de los Red Hot Chili Peppers le escribió ‘Emptiness’, ‘I’m Around’ y ‘666’ luego de inspirarse leyendo su biografía. Dave Navarro, guitarrista de Jane’s Addiction, es también un ferviente creyente de que el satanismo a la Crowley es el camino a seguir, por ello lleva tatuado el símbolo del mago. De igual manera, Ozzy Osbourne hace gala de sus creencias, quien al dejar Black Sabbath y hacerse solista, creó un himno completamente para él, ‘Mr. Crowley’, el cual es uno de los sencillos que más ha vendido en la carrera del oscuro cantante; incluso ha sido homenajeada y es elogiada por la oscuridad que emana en cada nota.
Pero si alguien se ha encargado de llevar el satanismo de Crowley hasta lo más alto y explícito es Jimmy Page. Cuando tenía 11 años, leyó completamente “Magia en Teoría y Práctica”, desde entonces comenzó a coleccionar manuscritos, primeras ediciones, pinturas, fotos, túnicas, accesorios y barajas tarot. En los 70, con Led Zeppelin en lo más alto de la escena musical, compró una casa en Boleskine, junto al Lago Ness, era propiedad de Crowley y la usaba para algunos rituales específicos. Page contrató un satanista profesional que la decoró de tal modo que la hizo verse como la tenía “el amo de la oscuridad” y sólo así se sintió a gusto con su nueva adquisición.

Años más tarde, Page financió una librería exclusivamente dedicada a las artes oscuras con un astrólogo a la cabeza del proyecto. Ante la fascinación de Page por el ocultismo y satanismo de Aleister Crowley, el cineasta Kenneth Anger solicitó al británico y a los Stones participar en su filme “La Rebelión de Lucifer” en la que Jagger fungió como actor y compositor del soundtrack.
https://www.youtube.com/watch?v=4o6HIM03ozw
Poco a poco, el satanismo fue tomando su propia forma, hasta llegar a lo que conocemos hoy. Uno de sus más grandes discípulos fue Anton Lavey, quien fundó la Iglesia de Satán y ha consagrado una gran base de fanáticos y creyentes de la filosofía de Crowley les heredó. Uno de los principales miembros de dicha organización es Marilyn Manson, quien define el satanismo como «un proceso mental de ser tú mismo, de autopreservación. No implica necesariamente adorar al diablo. La palabra ‘Satanás’ simboliza la máxima rebelión, no la esclavitud de adorar algo más».
En efecto, adorar al diablo no tiene nada que ver con el satanismo que Aleister Crowley le dejó al mundo, sino de ser libres en cuanto a pensamiento y doctrina. Eso lo hacía grande y digno de admirar, por ello, gran parte de la escena musical contracultural sucumbió ante la filosofía del hombre que desafió a Dios sin la necesidad de insultarle o desacreditarlo, simplemente decidió no seguir con sus ideas, estirándole la mano a Lucifer para después ser libre.
‘Mr. Crowley’ – Ozzy Osbourne
“Mr. Crowley, what went down in your head
(Oh) Mr. Crowley, did you talk to the dead
Your lifestyle to me seems so tragic
With the thrill of it all
You fooled all the people with magic
(Yeah)You waited on Satan’s call”
En portada: Pinterest
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