Como si fuesen dioses a los que tienen que rendirle honor, hay grupos adorados por sus fans de formas extraordinarias. Éstos, almas que sueñan con estar lo más cerca posible de sus bandas favoritas, se pierden en sus canciones e historias. Saben todo sobre sus vidas y lo que no pueden conocer lo inventan en su cabeza. Ellos ya no son personas comunes, sino fanáticos inconscientes.
Esta descripción, aunque parece extremista, puede ser real. Quizá no en un sentido retorcido pero sí en uno de fidelidad. Un ejemplo es el de Ricardo Calderón, actual presidente del club de fans de The Beatles México y quien desde hace más de 50 años es seguidor del cuarteto de Liverpool. Él dedica su vida a mantener vigente la música beatle, haciendo reuniones y sesiones de escucha.

Podemos decir que Ricardo padece una obsesión positiva, dado que no vive en función de ello sino lo integro a su vida de manera eficiente. Pero hay ocasiones donde el interés por una banda es tan grande que el individuo pierde su centro. Existen diversas teorías sobre la admiración exacerbada hacia otra persona o el fanatismo, que según el filósofo John Locke: “los fanáticos han vuelto la espalda a la razón y al sentido común”.

Ejemplos hay varios, como el de Chris Cocker, un fanático que no podía soportar cuanto odio recaía en su amada Britney Spears. Se sentía tan frustrado por ella que subió un video a YouTube pidiendo a sus detractores que la dejaran en paz.
Con ver y escuchar unos segundo el video se aprecian los diferentes trastornos que padece la persona que lo motiva a actuar de forma irracional. Lo normal es admirar a otras personas porque cuentan con atributos que uno desea poseer. Al no contar con la habilidad de tocar la guitarra, cantar, bailar, el individuo busca en el exterior quien sí los tenga. Al ver tangible su sueño es inevitable sentir admiración por el otro.

Los músicos, al hacer aquello de manera sorprendente, son vistos en calidad de dioses. Sin embargo, aquella admiración sólo demuestra el abandono que tienen las personas por convertirse en aquello que en el fondo quieren ser. Así, quien tiene una obsesión por una banda es porque no encuentra en sí nada que le satisfaga y debe buscar ese aliento en el otro. Mientras más cerca esté de su dios, mayor será su placer, pero también más el desprecio hacia su persona.
Quizá todas las personas que idolatran de manera inconsciente a bandas como The Beatles, Queen o a figuras como Madonna, estrellas del cine o televisión, lo hacen porque no tienen la facultad para ocupar su tiempo y vida con su persona. De lo contrario podrían estar más cerca de ser narcisistas.
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Claro que esto sólo es un supuesto y se basa en pura observación participativa en algún caso de fanatismo. Quizá lo mejor es sólo comprar unos cuantos discos y asistir a algunos conciertos, guardar el dinero que sobra e invertirlo en una persona. Personas alcanzables y de verdad.
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Referencia:
El fanatismo, la identidad y el pensamiento

