
Ely Guerra no tiene un mote como “la bruja cósmica”. Ella no lo necesita; es sólo ‘la Guerra’, y eso basta. Es una lucha, una oposición: es cuando la paz se destruye y no queda más que trabajar en reconstruirla. Es un enfrentamiento constante entre ella misma: todas las Ely Guerra que viven en su cabeza. Como si fuera una Bob Dylan contemporánea, no se queda en un sólo lado; es una flama mutante. A veces es más azul, y otras es roja, pero siempre quema, arde, y deja una cicatriz que se queda con nosotros. Ella no necesita ser nada más.
«Hay gente que me dice “Ely, yo soy ‘Peligro'”, soy ‘Mi playa’», recuerda Ely. La imagino en una pintura antigua rusa. Una mujer en un espacio divino intocable. Su voz es calma. La experiencia emana del teléfono, como si escapara a través de él. Su humildad y la verdad con la que habla hace que sea inevitable que la vea frente a mí. Intenta explicarme su condición de flama, su espíritu cambiante: «Hay un grado de obsesión en la gente que sigue la música. A mí me ha tocado experimentar la música desde otro rincón y he podido ofrecer algo diferente que al mismo tiempo surge de mi personalidad. Cada disco ha sido distinto porque he tenido otra edad y la gente tiene deseos de escuchar algo verdadero».
«Gran parte de mi lucha emocional era decirme “¿Por que te quieres dar en la madre sola? ¿Por qué quieres hacer algo diferente?”».
Ely hace referencia en parte a su nuevo álbum ZION, un trabajo completamente distinto a cualquier cosa que haya hecho antes. Sin guitarras, y sin el sonido alguna vez la definió, decidió crear una obra que fuera meramente vocal; es decir, que se basara solamente en la esencia de su voz a través de diferentes matices, mezclados con una atmósfera electrónica. «Sentí un llamado. Un instinto, quiero hacer un disco vocal, tuve que preocuparme un pco para dejar un camino hallado. No podía venir con un trasfondo de guitarras distorsionados. Quiero aterrizarlos a piano y voz. Fue un instinto. Necesitaba recurrir a todas mis voces».
«Quiero crear música que no se aleje demasiado de lo anterior. No quiero que sea solo un experimento que solo pocos disfruten».
Sin embargo, el proceso no fue fácil. Usar la voz como instrumento requiere una búsqueda de las emociones y las capacidades a través de la emoción. «Fue muy desgastante. A veces no entendía, o no sabía hacia dónde podía dirigir esa energía. Empecé a sentirme cargada emocionalmente. Esa carga emocional se disipaba. Fue un estira y afloja de seis años. Es difícil ser libre de todo un equipo de gente creativa. Es muy vertiginoso». Cada canción de ZION es una etapa de Ely como mujer y como artista, representando decenas de emociones en diferentes niveles sólo a través del análisis de uno mismo, de su ruptura, su lugar en el mundo y cómo interactúa con él.
«Yo no pude haber escrito este disco sin la experiencia de mi discografía anterior: el trayecto de lo que he atravesado para publicar mi música. Es un recorrido que te manifiesta: quiero conquistar mi propia montaña sagrada. Es el monte sagrado, la analogía perfecta para decidir. Caminando como buen obrero pero con un gozo de entender».
En el sentido lírico, “la Guerra” va como un cuerpo de agua que se agita y se calma, y explora diferentes rincones. La voz de Ely nos cubre en cada uno de los tracks contando una historia, ya no de amor, sino de la vida: «No estoy hablando de una relación de pareja, sino de algo que todos los seres humanos vivimos: el instinto a sobrevivir. La vida que tenemos y cómo lo representamos. ZION es un disco que habla del primer instinto a defender lo personal, algo que no queremos que muera. Los sentimientos son los que vivimos todos los días: amor, amargura, incertidumbre, sensación de perdida, de vértigo, de olvido, frustración».
Entre la conversación, las palabras que suelta y las imágenes que logra evocar incluso sin una canción o sin música de fondo, Guerra es todo lo que se esperaría de ella. Es grande, pero no en un sentido inalcanzable, sino que su misma naturaleza hace que estemos conectados, y gracias a eso podamos entender todo lo que nos da. Ely nota la forma en la que yo mismo la veo y me detiene cuando hablo sobre cómo se ha convertido en un ícono y hasta en una figura de distintos movimientos, sin siquiera ser parte de ellos.
«Eres más joven de yo y hablamos de mi música. No sé si me gusta [ser vista como un ícono] pero voy a honrar siempre todo lo que puedan decir sobre mi. [La gente dice] ‘Yo soy “Peligro”, ‘Yo me case con “Mi Playa”, ‘yo vivi el duelo de la muerte de mi madre con tu música’. Siempre estoy en gratitud. Siempre he luchado por ser una mujer transparente. Me siento una mujer real, construida, con inseguridades, pero también con fortalezas. Ser fuerte te permite ser insegura. Si lo que haces te es positivo, estas haciendo lo que debes hacer y estas sirviendo. Mi mejor manera de dar es cantando y haciéndolo bien. Servir para otros es mi propósito y siento que esta es mi manera de dar».
Como una forma de deshacernos del ícono, me decido a preguntarle sobre la primera canción que escribió, y ella elige ser honesta –no sólo sobre su infancia– sino sobre su estado permanente como persona. Su respuesta sirve como una síntesis de ella: de la Guerra constante, de lo que la lleva al cambio, del dolor y placer en ZION, de lo que significa ser Ely Guerra en un mundo en el que todos aman a Ely Guerra.

«[Escribir mi primer canción] fue difícil. Lo hice a los 9 años». Ely se interrumpe y cambia el tema, como si atrapara una idea «Te diré algo: yo percibo la vida de otra manera. Lo que me hace sentir cómoda socialmente es algo que a los demás les extraña. La vida social tiene un lugar distinto para mi. No soy fiestera, no soy social, no sé convivir en lugares estridentes, pero sí sé cómo ser una buena amiga, cómo ser “una buena oreja”. Sé cómo estar en soledad y sentirme cómoda…»
Ely hace una pausa, y parece volver a la respuesta, «Desde muy niña no necesité los alicientes de los niños para sentirme cómoda en un ambiente que me dejaba crear. La creatividad es algo que me impulsa a pertenecer, entonces me di cuenta de que para crear tenía que estar sola». La mujer al otro lado del teléfono respira. «Algo hice mal en términos familiares, y me sentí culpable, así que así nació mi primera canción. Yo sabía qué quería escribir. Cuando era niña, leía mucha poesía y buscaba la manera de entenderla desde ese espíritu infantil. Entonces, cuando me di cuenta de que tenía voz, de que cantaba, tomé una guitarra y aprendí a tocar».
«Cuando mi madre me explicó que estaba molesta, entendí que era importante. La canción se llamó “Perdóname” y era muy sencilla. Sin embargo…». En este punto de la conversación, sé que está a nada de terminar. Las pausas se hacen menos constantes pero se hacen más significativas. Sé que lo último, como si fuera la palabra de un profeta, me explicaría más de lo que pensé que descubriría. «Lo subsecuente fue lo más difícil. No entendía por qué quería hacer música. Nadie en mi familia lo hace, y eso me aleja de eso y de lo demás. Ha sido un camino solitario. Lo más complicado fue abrazar la música como el oficio», y por primera vez casi lloro al final de una entrevista.
Gracias, Ely.

Ely Guerra presentará ZION en su plenitud dentro del Centro Cultural Roberto Cantoral este 20, 21, y 22 de septiembre. Los boletos se consiguen a través de Ticketmaster.
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