Harry Styles lanzó el videoclip de ‘Coming Up Roses’, del álbum Kiss All the Time. Disco, Occasionally, y en cuestión de horas las redes convirtieron cada encuadre en evidencia. El video, dirigido junto a Bradley & Pablo, muestra a Styles bailando en salón con distintas parejas sin lograr conectar con ninguna, rostros serios, miradas cruzadas, euforia que solo aparece con parejas masculinas. El problema narrativo es uno: el cantante está comprometido con Zoë Kravitz, y el timing lo dice todo.
Lo que el video muestra, cuadro por cuadro
La premisa del videoclip es sencilla: Styles baila de salón cambiando de pareja en la pista, nunca del todo cómodo con ninguna. Pero la ejecución es lo que encendió la conversación. Cada vez que él sonríe, su acompañante luce distante; cada vez que ella intenta conectar, él está cabizbajo. No es una lectura forzada, es la lógica visual que Bradley & Pablo construyeron escena por escena, y que miles de usuarios en redes empezaron a documentar casi en tiempo real.
El detalle que más debate generó: los únicos momentos donde Styles parece genuinamente suelto, con algo que se acerca a alegría real, ocurren cuando comparte pasos con parejas masculinas. Las teorías sobre su identidad personal llevan años circulando, él mismo ha preferido no ponerles etiqueta, pero un videoclip con esa coreografía específica, lanzado en este momento de su vida, como ya pasó con otras figuras que usaron el arte para decir lo que no dijeron en entrevistas, hace que la lectura sea difícil de ignorar.

El problema de timing: comprometido con Zoë Kravitz
Si el video hubiera salido hace tres años, quizás la conversación sería otra. Pero Styles lo lanzó en pleno período de compromiso con Zoë Kravitz, actriz y directora que tiene suficiente perfil público como para que el contraste sea imposible de ignorar. Las redes no tardaron en dirigirle comentarios directos a ella, calificando el lanzamiento de ‘desconcertante’ en el mejor de los casos.
Hay una defensa legítima del material: el propio Styles ha descrito ‘Coming Up Roses’ como una reflexión sobre relaciones pasadas, sobre vínculos que enseñan aunque no duren. Bajo esa lectura, el video no habla de Kravitz sino de una versión anterior de sí mismo. El problema es que el arte no funciona en el vacío, se lee desde el presente, con los datos disponibles, y los datos disponibles incluyen un anuncio de boda. Esa tensión entre la intención declarada del artista y la recepción pública es, en sí misma, parte de lo que hace interesante al video.
Lo que suma millones de reproducciones no es solo la canción. Es la pregunta que el video instala y que ninguna entrevista ha respondido todavía.
