Hay una tradición ineludible en los conciertos de metal, hard rock o cualquier otro género que tenga una base ruidosa. Cuando llega el momento cumbre de una canción, los asistentes se convierten en danzantes fieros que expresan su amor a la música lanzando golpes y patadas entre sí. En ese momento el público de manera instintiva hace un círculo alrededor de los bailarines dando inicio al rito del mosh.
En algunas ocasiones la masa de asistentes se dividen en dos flancos. Cuando se da la señal, los individuos se transforman en soldados del rock y corren a estamparse los unos con los otros. El concierto se convierte en un campo de batalla. No importa la edad, el sexo o la profesión, quien esté dentro de la arena tiene el derecho de dar y recibir algún golpe.
Si no sabes cómo es este rito tienes que ver el siguiente video.
La gente que no ama la música o prefiere el pop por sobre todas las cosas, calificará este acto como salvaje. Su opinión viene de un sujeto que está fuera de un grupo social que ama la agresividad en lugar de la tolerancia. Para que su perspectiva pueda contextualizarse y por fin comprenda que soltar un golpe al aire sirve para algo, HopesAndFears.com realizó una encuesta a fans, músicos y otros profesionales que están inmersos en el moshpit.


Ilustraciones de Dan Witz
Cristian Machado, vocalista de la banda de metal Ill Niño, dijo que el mosh es una danza bélica: “Nos encanta el mosh por que es una guerra, es una cultura incrustada en nuestra cultura. La reacción humana a la música extrema es muy parecida a la reacción humana en consecuencias extremas, como la guerra. En el moshpit simplemente es practicar el arte de la guerra entre amigos”. Por su parte Ryan McGuffin, guitarrista del grupo No Parents, dijo que el mosh es como el fútbol o cualquier otro deporte, “la gente sólo quiere tocarse entre sí”.
Ellos son músicos y viven del metal. Si crees que su opinión es tendenciosa, el jefe de la consultora de seguridad Estrategias de Manejo de Multitudes Paul Wertheimer comenta que golpearse entre sí tiene una explicación sociológica: “He encontrado una serie de motivaciones que invitan a la gente a participar en el mosh como la estimulante sensación de camaradería, para comunicar al artista que se entiende lo que su música transmite y para probar la igualdad de sexos, ya que las mujeres más salvajes se animan a intentarlo”.


Ilustraciones de Dan Witz
En la relación que existe entre música e identidad radica la respuesta para entender por qué la gente escucha música agresiva y participa en el mosh. Para el sociólogo Gaby Riches, el moshpit se considera un espacio seguro, autónomo y acogedor que evoca un fuerte sentido de pertenencia donde los fans pueden expresarse al máximo y fomentar las conexiones con la banda y otras personas en el lugar.
Por último, un estudio publicado en Frontiers in Human Neuroscience afirma que escuchar metal calma los niveles de ansiedad, ira y ayuda a canalizar mejor las emociones negativas.
–
Las personas, al sentirse identificadas con los sonidos agresivos, entran en un proceso catártico que, según Aristóteles, purifica sus emociones, cuerpo, mente y alma. Si todos participáramos en el moshpit es probable que la furia que sentimos se descargue dentro de un concierto y al salir a la vida cotidiana nuestra necesidad natural de destrucción esté reducida a cero. Mejor hacer el mosh y no la guerra.
Conoce otras facultades que tiene la música leyendo los artículos: “6 razones científicas por las que escuchar música está afectando tu cerebro más de lo que crees” y “La ansiedad y otros estados que la música elimina y no conocías”.

