En algún momento u otro de mi vida, he tenido un debate que surge que siempre que hablo con alguien cuya pasión es la música. ¿Es necesario saber de música para entenderla a fondo? Los románticos por lo general responden que no. Algunos me han respondido que si algo tiene que ser explicado, entonces no es arte. Algunos otros me dicen que no son músicos y sin embargo pueden apreciar todo tal cual es. También existen las opiniones que mencionan que un conocimiento musical profundo otorga un entendimiento musical superior. En la opinión particular de un servidor, considero que mientras más conoce uno los métodos de producción y la composición de un género, más podemos comprenderlo y analizarlo.
Comprender y analizar son dos cosas que resultan completamente distintas de “disfrutar”. Y es que uno puede comprender y analizar algo que puede no ser de su agrado, pero disfrutar algo que resulta desagradable de principio, es contradictorio. Todos podemos escuchar algo y discernir si gustamos de ello o no. Así mismo, todos podemos formular nuestra opinión respecto a algo. La cosa viene en el contexto bajo el que se hace una opinión o sobre el cual una pieza musical comienza a gustarnos. Este contexto, desarrollado en varios ámbitos y con el tiempo, lleva a una distinción que siempre ha parecido interesante en el arte cuando una obra resulta “difícil”.
El arte es para todos, pero hay arte que es para quienes los buscan. Todos podemos estar expuestos al arte, observarlo, escucharlo, discernir de él. Hay obras totalmente accesibles para todos los niveles de percepción, a quien no le parece agradable alguna de las obras de la serie de latas Campbell’s, a lo mejor no conocemos el contexto de su creación o la implicación de la obra en sí, pero estéticamente es agradable. Ahora, qué tal si eso lo comparamos con la percepción necesaria para gustar de un Readymade de Marcel Duchamp. Ese tipo de obras que hacen que nos cuestionemos la veracidad del arte contemporáneo. Hay gente que conoce la historia del arte, su evolución, sus implicaciones técnicas y corrientes, y con ese bagaje, pueden hacerse una percepción mucho más avanzada en donde alguien sin esta experiencia en el arte podría decir tan sólo “¿qué hace ese mingitorio aquí?”.

Este tipo de ejemplos se pueden aplicar a todas las bellas artes. En la literatura, tanto El Guardián entre el Centeno y Moby Dick están celebradas como grandes novelas, sin embargo, requieren de niveles muy diferentes de lectura (y paciencia) para ser apreciadas como lo que son. Lo mismo pasa por ende en la música. Escuchar Random Access Memories no requiere del entendimiento y el “bagaje” que requeriría un trabajo como Selected Ambient Works Vol. 2. Y es que cuando empieza a escuchar música, no se empieza con Frank Zappa, así como cuando uno comienza a leer no empieza con El Ulises.
O qué tal en el cine, si uno ve alguna película de David Lynch antes de haber atravesado otras experiencias formativas con otros filmes, el trabajo de Lycnh podría parecernos absurdo en incomprensible. Ese es mi argumento para explicar que entre más se sabe de música, y más sonidos se han escuchado, se puede tener un mejor entendimiento de la misma.
Ahora, enfocándonos de lleno en la música, ¿qué es lo que hace que algo sea difícil de entender? En primer lugar, tenemos que saber qué es lo que se se debe tener en cuenta al analizar música en su totalidad. La percepción clásica es abordar este análisis desde armonía, ritmo, melodía y en algunos casos, contrapunto. En la música clásica, este tipo de disección funciona muy bien, en la popular, no tanto. Ahora tenemos el criterio agregado de producción, y ponemos más énfasis en la textura debido a la introducción de medios electrónicos a la música, y la innovación en lo que se puede hacer con una guitarra. Con el tiempo, y conforme he desarrollado mis habilidades como músico y productor, comienzo a ver la música de manera diferente, y eso sin duda influye en cómo la disfruto.
Por ejemplo, gozo mucho de Pink Floyd desde hace varios años, pero cada uno que pasa, es un año de más conocimientos, más música, más referencias, entiendo y disfruto a Pink Floyd de una manera que es mucho más completa que antes.
Esta idea es aplicable a cualquier agrupación o intérprete, y es que ¿a quién no le ha pasado que escuchan algo y les parece terrible, para retomarlo un par de años después y percatarse que en realidad es algo increíble?. Esto es debido al crecimiento que tenemos, en cuánto conocimiento musical, y sobre todo, a la sensibilidad derivada de la misma. Mientras más escuchamos géneros y propuestas diferentes, más se amplían nuestros horizontes, más se acostumbran nuestros oídos y más crítica se vuelve nuestra percepción, y es que ese ejemplo que mencionaba en el que te puede gustar algo que antes no, puede funcionar de manera inversa, y escuchar algo que te gustaba unos años atrás para después percatarte de que hoy te parece inferior.
Recuerdo que hace no mucho, retomé In Utero de Nirvana, y me decidí a analizarlo muy a fondo para darme cuenta que no tiene nada que ver a la manera en cómo solía escucharlo, recibiendo así una grata sorpresa y aumentando mi estima hacia este álbum.

Con todo esto expuesto, me gustaría tocar un tema que he platicado en algunas ocasiones con otros colegas. En una generación como esta, denominada como los “millenials”, estar siempre a la vanguardia es uno de los intereses más importantes de la agenda. Quién ha leído los libros más interesantes, quién ha visto más películas de Tarkovsky, quién es el que sabe más de música. En la eterna pugna de ser el más interesante y cultivado, muchas personas caen en la costumbre de consumir cosas sin la intención de entenderlas. Consumir música o cine sólo para tenerlas en el checklist y poder contestar “sí” por si te preguntan si ya viste tal cinta o escuchaste tal álbum.
Así, se cae en una tendencia a saltarse los pasos necesarios para poder comprender las cosas a fondo, para poder disfrutarlas como lo que son, para poder hacer una crítica personal y elaborada de que es qué y por qué. Me he topado con mucha gente que basa su criterio en el de las grandes publicaciones de moda, personas que en lugar de buscar una experiencia superior en la música, parece que están coleccionando barajitas para llenar un álbum.
Este tipo de conductas y tendencias, afecta no sólo la difusión de la música, sino también su creación. A raíz de este comportamiento, han surgido bandas que responden a este tipo de necesidades. He conocido a muchas agrupaciones de la escena local que se autodenominan “krautrock” o “shoegaze” y cuando escucho su música sólo es un refrito de géneros que no están cerca de los antes mencionados. Ponerse etiquetas y tratar de imitar tendencias para ser atractivos a un público que disfruta de, como mencioné anteriormente, coleccionar barajitas para su álbum. Entre más rara la barajita, más preciada y por supuesto, se puede presumir con mayor facilidad.

Para dejar esto en claro, no estoy en contra de escuchar ningún tipo de música o género por diversos o “difíciles” que sean. Pero mi generación parece estar satisfecha con saltarse los pasos para llegar a algo y entenderlo, en favor de poder subir una foto a Instagram presumiendo que están escuchando algo “deep”. Somos la generación del “mame”, tenemos todo a la mano, en el momento que queramos y a un click de distancia. Este poder nos da la idea de que somos capaces de entender cualquier cosa, no sólo en la música, sino en cualquier ámbito en el que se pueda expresar una opinión. El internet nos ha hecho a todos expertos en todas las ramas de la difusión cultural y mediática, y nos ha dado el poder de expresar nuestras opiniones en una cantidad impresionante de medios, lo que resulta en un intercambio de opiniones nunca antes visto en la historia de la humanidad. Nos da la oportunidad de hacernos unos expertos en cada opinión que damos, muchas veces, sin el conocimiento necesario o el contexto adecuado para emitir dicho juicio.
Somos la generación que usa playeras de los Ramones sin haber escuchado más de tres álbumes de la banda. La generación que hace a menos cualquier cosa que no sea una tendencia alternativa de la música. La generación que graba conciertos con su celular. La que no cree en la música antes de la llegada de Joy Division. La generación que escucha muchísima música, pero que no se da el tiempo de entenderla. ¿Hay música a la que se debe llegar por pasos? Creo que sí, al menos para poder apreciar el esfuerzo y el intelecto de la gente que está detrás de ella, porque sino es así, sólo serían una estampa más en el álbum de barajitas.
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