¿Te sientes orgulloso de ser mexicano? ¿De comer tacos y tamales ya sea de día o de noche? Aunque suene a cliché, este gusto arraigado lo tenemos porque el sabor de esta típica comida es simplemente delicioso. No importa que sea un taco de tripa o suadero; o que sea un tamal de verde o de mole, su exquisitez es innegable. Ahora bien, ¿te gusta la música típica de México? En concreto, ¿el rock nacional? Aquí seguramente habrá divisiones divididas, unos dirán que sí y otros que no. Unos alabarán a Caifanes mientras que otros expresarán su repudio hacia Cristal y Acero. Esa es la contradicción que se creó en el rock mexicano en la década de los 80, por un lado estaban los verdaderos grupos de rock y por el otro una parodia fome de rockero. Fue como si comiéramos tamales en empaques comerciales que tienen que ser descongelados en microondas.
Como lo he dicho antes, México es uno de los tantos países que vive con una venda en los ojos. Como resultado, sus habitantes son prisioneros de un engaño del cual es difícil salir, o al menos así era. En el pasado la información viajaba de una manera muy lenta; la radio permitía transmitir noticias, pero el flujo de información era muy pobre. Cuando se pensó que todo mejoraría con la llegada de la televisión, ocurrió lo contrario. La empresa televisora de dominaba el terreno tomó el control del contenido y, sobre todo, de la música.
Desde finales de la década de lo 70, la música que se transmitía dentro de la televisora mexicana tenía que ser aprobada por el productor Luis de Llano. Como en México el mayor negocio siempre ha sido la televisión, este personaje se juntó con Televisa, y usó la censura para controlar la escena musical. Los grupos que eran populares sólo porque podían ocupar un espacio en algún programa importante, eran imitaciones de lo que ocurría en Europa o en Estados Unidos con un toque muy mexicano. Así surgieron grupos como Timbiriche, Flans, Magneto, entre otros tantos.

Mientras tanto, en los lugares más marginados de México se gestaba el verdadero rock, aquel que tenía un discurso subversivo y altanero, genuino. Cuando aumentaron en número de fans, se tornó imposible mantenerlo escondido en los ‘hoyos funky’; emergiendo a la luz con suma potencia. Aparecieron disqueras importantes para el movimiento; Discos Pentagrama, Roll n’ Roll Circus, Dark Side, Genital Productions, Discos Rockotitlán, entre otras. También surgió la estación de radio Rock 101 y en Radio Educación se colaron grandes temas del género.
Televisa perdía la atención de su audiencia que ahora estaba en las calles gozando del rock and roll y para contrarrestarlo idearon la tan sonada campaña “Rock en tu idioma”. El primer paso fue abrirle las puertas a grupos extranjeros como Hombres G, Enanitos Verdes y Soda Stereo, dándole la espalda a las bandas mexicanas. Como si el acto malinchista fuera poco, Televisa comenzó a presentar sus propias bandas, unas que están completamente despojadas de los valores verdaderos del rock, por el simple hecho de ser concebidas para crear dinero. Así fue como Timbiriche, Menudo, Cristal y Aceros, Magento y demás se colgaron de los verdaderos músicos para volverse famosos.

En el libro “La contracultura en México”, José Agustín recalca lo absurdo que eran estos imitadores. En palabras del autor eran «nenes dóciles que confundían su culo con el hoyo de las canicas y siempre estaban dispuestos a atacar los dictados de qué cantar, cómo hacerlo, con qué arreglos, con qué músico, cómo comportarse, vestir y bailar». Él asegura que con esta campaña también ascendieron figuras comerciales como Garibaldi, Thalía, Bibi Gaytán, Caló, Alejandra Guzman y Gloria Trevi.
El “buen rock” tuvo que regresar a los circuitos culturales y marginales, de nuevo a los hoyos funky para no ensuciarse con el plan de Televisa. Hubo casos excepcionales de bandas de abajo que tuvieron un gran éxito en la superficie, por ejemplo, Caifanes, Maldita Vecindad, Café Tacuba y Santa Sabina. La confusión que se creó con la campaña “Rock en tu idioma” vendió a artistas pop como si fuera de rock, aprovechándose de que la masa estaba imposibilitada a distinguir lo falso de lo verdadero. Es por todas estas razones que esta etapa es lo peor que le pudo pasar a la música mexicana.
Que quede claro que no nos metemos con las verdaderas bandas sino con las de imitación. Es como si no un gringo nos quisiera vender tacos y tamales, diciéndonos que están más ricos que los que nosotros sabemos hacer. ¿Absurdo, no?
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