Patrick Stewart e Ian McKellen se conocieron en los años 70 trabajando en teatro, pero fue X-Men lo que los volvió inseparables frente al mundo. Lo que vino después, los parques de diversiones, las cervezas, los besos en premiere, demostró que su bromance no era para las cámaras. Con la muerte de Stewart, McKellen pierde a uno de sus grandes amigos y Hollywood pierde su ejemplo más honesto de que la amistad real sí existe ahí adentro.
De rivales en pantalla a carnales de por vida
En X-Men, sus personajes llevaban décadas en guerra, Charles Xavier y Magneto, dos visiones opuestas del mismo dolor. Pero fuera del set, Patrick Stewart e Ian McKellen construyeron exactamente lo contrario: una amistad sin tensión, sin rivalidad, sin agenda. Solo dos actores británicos que se caían bien de verdad.
Se habían cruzado antes, en los circuitos de teatro inglés de los años 70, pero fue hasta que compartieron rodaje en la primera entrega de X-Men (2000) que algo hizo clic. A partir de ahí vinieron los planes que nadie les pidió documentar, salidas a parques de diversiones, fotos con Santa Claus y con Elmo, cervezas sin red carpet, paseos de turistas en ciudades que visitaban por trabajo. El tipo de amistad que no necesita justificarse en una entrevista de prensa porque se nota sola. Las amistades de Hollywood que sobrevivieron al tiempo

El bromance que ellos mismos alimentaron sin pudor
Lo bonito es que ninguno de los dos fingió que era ‘solo compañeros de trabajo’. Ambos jugaron con su bromance públicamente y con genuino disfrute. En la premiere de Mr. Holmes en 2015, se plantaron un beso frente a todos sin que nadie se los pidiera. Años después repitieron la escena en la promoción de Star Trek, Picard. No era performance, era el lenguaje natural de dos personas que se quieren y que saben que el mundo los está mirando.
McKellen llegó a decir en más de una ocasión que Stewart era el mejor compañero de trabajo que había tenido. Stewart, por su parte, hablaba de McKellen con la familiaridad de quien describe a un hermano. Esa dinámica, dos hombres mayores, dos leyendas del teatro británico, celebrando su afecto sin complicaciones, es exactamente lo que los hizo tan queridos juntos, más allá de cualquier franquicia.

Lo que nos deja la historia de amistad de Patrick Stewart e Ian McKellen
Con la muerte de Patrick Stewart, Ian McKellen pierde algo que no se reemplaza. No al colega de trabajo ni al compañero de franquicia, pierde al amigo que estuvo ahí en los planes sin guion, en los viajes sin alfombra roja, en los momentos que no terminaron en ningún comunicado de prensa.
Y nosotros nos quedamos con el archivo de esos momentos, los besos en premiere, las fotos ridículas con personajes de Sesame Street, las cervezas sin contexto, como prueba de que Hollywood sí puede producir algo que no se fabrica, una amistad de verdad entre dos personas que simplemente se eligieron. Magneto se quedó sin su Xavier, y eso duele más de lo que debería para personajes de ficción. Pero lo que era real, lo que construyeron fuera de cualquier película, eso ya no se va.
