La nueva película de Ryan Coogler, Pecadores, está siendo un éxito en salas. Y no es solo por el increíble cast con dos versiones de Michael B. Jordan, Hailee Steinfeld y compañía, sino por el trasfondo político y racial que aborda. Porque aunque no lo parezca, todo en pantalla está milimétricamente calculado, incluso la nacionalidad del vampiro antagonista.
¿Por qué el villano de Pecadores es irlandés?
En Pecadores, el villano principal es un vampiro irlandés resentido. Y no, no es una elección estética o aleatoria. Que sea irlandés tiene todo que ver con el fondo histórico y político que atraviesa la película.

En una historia donde el cristianismo, la esclavitud y el racismo en Estados Unidos son centrales, el personaje del vampiro abre un nuevo eje: el de la colonización británica sobre Irlanda.
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Durante siglos, Irlanda fue invadida, oprimida y despojada por Inglaterra. Su identidad fue borrada sistemáticamente, su lengua casi extinguida, y su religión (el catolicismo) reprimida por un sistema protestante británico que impuso otra cultura. La Gran Hambruna de 1845 provocó la muerte de más de un millón de personas, y muchas otras emigraron, sobre todo a Estados Unidos.
Pero al llegar ahí, no eran considerados blancos “de verdad”. Durante décadas fueron racializados, discriminados y empujados a los márgenes. Con el tiempo, sí: se integraron al sistema dominante. Pero muchas veces esa integración ocurrió a costa de adoptar el racismo del sistema contra otros grupos, sobre todo contra los afroamericanos.

La escena del Padre Nuestro es clave para entenderlo todo
En una de las escenas más tensas de Pecadores, el vampiro irlandés escucha el Padre Nuestro… y no se conmueve: se enfurece. Para él, esa oración no representa consuelo ni salvación. Representa la lengua de sus opresores, de quienes destruyeron su religión, su tierra y a su gente.
Y ahí está lo más brillante: el mismo lenguaje religioso que atormenta al vampiro es el que también se usó para justificar la esclavitud en América. Dos contextos distintos, dos pueblos distintos, pero la misma violencia imperial y religiosa detrás.
¿Víctima o villano?
El vampiro no es solo un monstruo. Es una víctima convertida en verdugo, alguien que nunca pudo sanar su trauma y ahora lo convierte en arma. Su resentimiento lo transformó en algo peor: un ser que ya no distingue entre justicia y venganza.
Coogler no lo justifica, pero sí lo ubica dentro de un sistema violento heredado, donde el dolor no desaparece: muta.

Lo más inquietante es que no busca aniquilar a sus víctimas, sino convertirlas. Las seduce, las transforma, les promete una vida sin jerarquías raciales, una nueva “familia” libre de pasado.
Pero hay trampa: esa familia es una red vertical donde él manda. No ofrece libertad, ofrece escape. Pero un escape a otro sistema que él controla, con sus propias reglas.
Y eso es lo que hace tan potente a este villano: no es el mal absoluto, es una figura ambigua. Un ex oprimido que ahora tiene el poder, y que lo usa para crear su propia versión del orden. Pero, ¿es eso redención? ¿O solo una nueva forma de esclavitud disfrazada de comunidad?
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