Rick Moranis fue, durante una década entera, uno de los actores más queridos de Hollywood: el nerd bonachón que hacía reír a toda la familia en Ghostbusters, Spaceballs, Los Picapiedras y Querida encogí a los niños. Pero detrás de cada estreno feliz había una historia que el público no veía: la lucha de su esposa Ann Belsky peleaba contra un cáncer de mama que al final lo dejaría como papá soltero.
De DJ canadiense a la comedia más grande de Hollywood
Nacido en Toronto en abril de 1953, Frederick Allan Moranis, empezó su carrera como DJ, con su nombre artístico Rick Allan, peor la vida le tenía otros planes y acabó en la actuación, donde pertenecía, y su primer trabajo fue Second City TV, la serie de comedia canadiense que también fue el trampolín de Eugene Levy y Catherine O’Hara. Ese programa fue el inicio de todo.
Pero fue hasta 1984 cuando su nombre se hizo conocido en el mundo, pues fue su excompañero de elenco Harold Ramis quien lo llamó para unirse a un proyecto descomunal llamado Ghostbusters. Donde Moranis interpretó a Louis Tulley, el vecino poseído, que nos dio comedia, fantasmas, risas y se quedó en nuestro corazón y lo instaló directamente en el olimpo de la comedia de Hollywood. Luego el éxito siguió con cintas como: Spaceballs, Club Paraíso, Ghostbusters II y la que se convertiría en su película más querida.
En 1989, Querida, encogí a los niños recaudó más de 200 millones de dólares en taquilla, generó dos secuelas y convirtió a Moranis en el rey indiscutido de la comedia familiar. Era el momento más alto de su carrera. Y también el más difícil de su vida.
Ann Belsky, el amor de su vida y que falleció trágicamente
Ann Belsky y Rick Moranis se conocieron en el rodaje de una película. Él tenía 33 años; ella, 30. Ann Belsky era diseñadora de vestuario. Se enamoraron rápido, se casaron en 1986 y fueron padres de inmediato. La velocidad con la que construyeron esa vida juntos haría aún más brutal lo que vino después.
Mientras Rick aparecía sonriente en alfombras rojas y estrenos multitudinarios, puertas adentro acompañaba a Ann en una batalla que se estaba perdiendo. El cáncer de mama, pues luego de haber teniudo 2 hijitos, Ann murió en 1991, cuando sus pequeños eran todavía muy pequeños. Rick Moranis tenía 38 años, dos hijos y una carrera que no paraba de crecer. Y tuvo que elegir.
“A la gente le van pasando cosas cada día. Yo era padre soltero, no podía con todo”, dijo años después, sin dramatismo, pues en 1997 tomó la decisión de retirarse de Hollywood para cuidar tiempo completo a sus pequeños y en sus palabras, hacerles sentir que aunque hubieran perdido a su mamá aún tenían un hogar.

Casi 30 años después, de pie
Los años pasaron y Rick Moranis desapareció de las pantallas con una discreción que en esta industria es casi imposible. Sin escándalos, sin declaraciones amargas, sin intentos de regreso forzado. Sus hijos crecieron. Y él volvió cuando quiso.
Hoy, a casi tres décadas de ese retiro voluntario, Spaceballs 2 lo trajo de regreso. La sala entera lo ovacionó de pie. No es difícil entender por qué: en una industria que suele premiar la ambición por encima de todo, Rick Moranis eligió algo distinto. Y esa elección, más que cualquier película, es lo que lo hace inolvidable.


