Desde sus primeros discos, Shakira ha construido su voz artística sobre la honestidad emocional. Sus canciones han transitado entre la rebeldía política, la denuncia social y la intimidad del desamor. Pero la ruptura con Gerard Piqué en 2022 marcó un antes y un después: no solo en su música, sino en cómo la artista colombiana reflexiona públicamente sobre las relaciones amorosas, la lealtad y lo que realmente significa construir una vida con alguien.
En el marco del lanzamiento de Las mujeres ya no lloran, su álbum más personal y combativo, Shakira concedió una entrevista a la revista Marie Claire donde tocó temas que van más allá del típico relato de ruptura: habló sobre la monogamia, la amistad como forma de amor duradero, y cómo redefine su rol como madre soltera y artista en una nueva etapa.
«Monogamia es una utopía»: el punto de quiebre
La frase que más resonó de la entrevista fue directa y sin filtros. Cuando le preguntaron sobre su creencia en el amor romántico, Shakira respondió con una contradicción productiva: «No puedo decir que no creo en el amor porque veo el ejemplo de mis padres después de 50 años juntos; cómo se miran a los ojos, se toman de la mano y no pueden vivir separados. He presenciado el amor, pero tampoco he tenido suerte. La monogamia es una utopía».
La declaración no es nihilista. Es más bien un reconocimiento de la brecha entre el ideal romántico que nos venden —la pareja de película, el compromiso de por vida sin fisuras— y la realidad de las relaciones humanas. Shakira no niega que el amor exista. Lo que cuestiona es la promesa de exclusividad perpetua como garantía de felicidad.
En el contexto de su ruptura con Piqué, tras 12 años juntos y dos hijos, esta reflexión adquiere peso. La cantante fue leal durante años a una relación que se desmoronó, y ahora se pregunta en voz alta si esa lealtad fue construida sobre una mentira colectiva que aceptamos sin cuestionamiento.
La amistad como forma de amor más duradera
Pero Shakira no se queda en la desilusión. Su respuesta pivota hacia algo que considera más sólido: la amistad. «He sido compensada de otras maneras —continúa en la entrevista— con el amor de mis fans, mis hijos y mis verdaderos amigos. Oscar Wilde dijo que la amistad es la forma más pura del amor y creo que tiene razón. Dura más, al menos en mi experiencia».
Esta es una perspectiva que desafía el orden de prioridades que la cultura occidental —y especialmente la industria del entretenimiento— nos impone. La pareja romántica siempre ocupa el pico de la pirámide emocional. La familia, los amigos, quedan abajo. Shakira invierte esa jerarquía basándose en lo que vivió: su relación de 12 años terminó, pero sus amigos, dice, estarán ahí de por vida.
«Cuando surgieron dificultades, fue cuando aprendí cuán importante era la amistad», explica. Este aprendizaje no es teórico. Es el resultado de haber pasado por la prueba más dura: el momento en que la pareja no está, y solo quedan los amigos.
Sacrificios, lealtad y la ilusión de la vida planeada
En otra parte de la entrevista, Shakira fue más vulnerable sobre sus propias expectativas rotas. «Siempre pensé que tener un marido era lo más importante en mi vida. Buscaba ese hombre como mi papá, con quien tener hijos y luego hacer planes para estar con él para siempre, como mis padres, que aún están tan enamorados. Hice muchos sacrificios por esto. Fui leal. Pero a veces las cosas no salen como se planean».
La sinceridad aquí es casi incómoda. Shakira admite que internalizó un guión: el de la mujer que encuentra su propósito en el hombre correcto, que construye su vida alrededor de esa relación. Y que hizo sacrificios reales —probablemente profesionales, emocionales, de autonomía— creyendo que el final de esa película estaba garantizado.
No lo estaba. Y ahora, a través de canciones como «Monotonía» y «Bzrp» (con Bizarrap), Shakira procesa esa ruptura públicamente, pero también reescribe su narrativa. Ya no es la mujer que espera al hombre correcto. Es la artista que canaliza el dolor en música, que reclama su agencia, que se reinventa.
«Las mujeres ya no lloran»: el álbum como manifiesto
El título del álbum Las mujeres ya no lloran es en sí mismo una respuesta a estas reflexiones. No se trata de negación emocional, sino de transformación. Las mujeres siguen sintiendo, pero canalizan eso en acción, en arte, en reconstrucción. El disco incluye temas de empoderamiento femenino, de venganza poética, de rabia inteligente.
Shakira, a los 47 años, con una carrera de tres décadas, decide que su ruptura no será el final de su historia, sino el comienzo de un nuevo capítulo. Y lo hace desde un lugar de claridad: ya no cree en la monogamia como solución, ya no busca al hombre que la complete, ya no sacrificará su voz por mantener una ilusión.
Sus reflexiones en Marie Claire no son pesimistas. Son realistas. Y en un mundo que sigue vendiendo el cuento de hadas a las mujeres, esa honestidad es revolucionaria.
