Los Sonny Angels se han vuelto una de las más grandes tendencias del momento, todos quieren estas figuritas para ponerlas en sus celulares y llevarlas consigo adonde quiera, sin embargo, muy pocos conocen las historias de terror que hay detrás de estos aparentes coleccionables y cuando los conozcas, preferirás nunca haber tenido ninguno.

El aterrador secreto de los Sonny Angels que nos hizo tirar los nuestros a la basura
A través de internet circulan varias historias muy perturbadoras que están relacionadas muy de cerca a estas pequeñas figuras, una de ellas, la de una joven a quien llamaremos Paula (para esconder su verdadera identidad) nos inquietó bastante.
Paula cuenta que llevaba ya varios años coleccionando a sus Sonny Angels; tenía muchas variedades e incluso tenía figuras repetidas a las que adoraba con locura, cada uno con su característica sonrisa y sus alas diminutas. Pero había algo en ellos que siempre la había inquietado, algo que solo se hacía evidente en la penumbra de la noche.
Una noche, mientras llovía intempestivamente, Paula notó algo extraño. Uno de los muñecos, una pequeña figura con alas plateadas, parecía haber cambiado de posición. Ella juraba que lo había dejado de espaldas, pero ahora estaba mirando directamente hacia ella. Sacudió la cabeza, tratando de convencerse de que solo era su imaginación y decidió ir a la cocina por algo para beber.

Al regresar, notó que otro muñeco se había movido. Esta vez, uno con alas doradas. Paula sentía un escalofrío recorrer su columna vertebral. Decidió tomar una foto de la estantería para demostrar que no estaba perdiendo la cabeza. Sin embargo, al revisar la foto, notó algo aún más perturbador. Había una figura oscura, una sombra que no debería estar allí, justo detrás de los muñecos.
Paula menciona que trató de ignorar ese flash de miedo que le recorrió el cuerpo y decidió irse a la cama. Pero esa noche, los sueños se convirtieron en pesadillas. Soñó con los Sonny Angels moviéndose por su casa, sus risas juguetonas convirtiéndose en susurros siniestros. En el sueño, veía la sombra de la figura oscura moverse por las paredes de su dormitorio, acercándose cada vez más.

Despertó con un sobresalto, empapada en sudor. La sombra seguía allí, esta vez proyectada en la pared por la tenue luz de la luna que se filtraba a través de las cortinas. Los Sonny Angels estaban en su mesa de noche, sus ojos brillando con un resplandor malévolo. Paula se dio cuenta de que no estaba sola.
Reunió el valor para agarrar uno de los muñecos y lanzarlo al otro lado de la habitación. Pero justo cuando pensaba que había terminado, el muñeco que había arrojado comenzó a moverse por sí mismo, arrastrándose de regreso hacia ella.
Desesperada, Paula trató de salir de la habitación, pero la puerta no se abría. Miró hacia atrás y vio que los Sonny Angels se habían levantado y se movían en un siniestro desfile hacia ella. Cada uno de ellos murmuraba su nombre, sus voces mezclándose en un coro aterrador.
La sombra, la figura oscura que había visto en las fotos, se acercaba más y más. Paula sentía que la habitación se cerraba a su alrededor, el aire cada vez más pesado. Finalmente, en un acto de desesperación, cerró los ojos y gritó con todas sus fuerzas.
Cuando abrió los ojos, la habitación estaba en silencio. Los muñecos estaban de vuelta en sus estantes, inmóviles y sonrientes como siempre. Pero Paula sabía que algo había cambiado. Sentía una presencia constante, una sombra que la acechaba, siempre al acecho en los rincones oscuros de su hogar.
Desde esa noche, nunca más pudo mirar a sus Sonny Angels de la misma manera. Había descubierto el oscuro secreto que se escondía detrás de sus inocentes sonrisas. Y cada vez que las luces se apagaban, sabía que las sombras volvían a cobrar vida, esperando el momento adecuado para volver a jugar.
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