Cuando Jenna Ortega llegó al set de Wednesday tenía entre 17 y 18 años, estaba en un país extranjero y el director más importante con el que no había trabajado hasta entonces casi no le dirigía la palabra. No era hostilidad: Tim Burton es extremadamente tímido, pero eso no hizo que la experiencia inicial fuera menos extraña para ella. Ortega lo confesó recientemente y el relato dice bastante sobre lo que es enfrentarse a un rodaje de esa escala sin que nadie te prepare del todo.
El peculiar método de comunicación de Tim Burton en el set de Wednesday
Burton no le hablaba a Jenna directamente. En cambio, se acercaba a Colleen Atwood, la diseñadora de vestuario de la serie y colaboradora histórica del director, y le susurraba al oído todo lo que quería transmitirle a la actriz. Atwood funcionaba como traductora entre los dos. Si te parece sacado de The Big Bang Theory, donde Raj solo podía hablarle a Penny a través de Howard, no estás equivocada, esa comparación es perfecta para describir la dinámica.
Para entender la personalidad de Tim Burton y cómo trabaja hay que saber que su reserva no es un rasgo nuevo ni forzado: es parte de cómo procesa los sets y las personas. Pero eso es algo que se aprende con el tiempo. Con 17 años y fuera de tu país, lo más probable es que lo leas como distancia o, peor, como indiferencia hacia tu trabajo.

Jenna Ortega revela cómo se sintió al trabajar con Tim Burton
“Tener 17 o 18 años en un país extranjero con este director tan importante y sentir que no conectaba, me estresaba mucho”, dijo Ortega. Es una frase que vale más de lo que parece: no habla de que Burton fuera difícil o cruel, habla de soledad profesional. Esa sensación de estar parada frente a un proyecto enorme sin saber si lo que estás haciendo le llega a quien necesita verlo.
Y es que Wednesday no era una serie menor. Era una apuesta de Netflix con un director de culto, una IP reconocida mundialmente y toda la presión de reinventar a Merlina Addams para una nueva generación. El peso del proyecto ya era considerable para cualquier actriz; para una de 17 años que encima sentía que su director no la miraba directamente, mucho más.
Con el tiempo la comunicación fluyó. Burton fue abriéndose, Jenna fue entendiendo su forma de trabajar y la relación encontró su ritmo. Lo que al inicio parecía un muro terminó siendo, según ella misma describe, parte de la metodología del director: darle espacio para que descubriera sola lo que podía hacer dentro del personaje. Si fue intencional o no desde el principio, es algo que probablemente solo Burton sabe.
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