Después de cierto tiempo, cuando la escuela y los “amigos” de la juventud han dejado su rastro sobre todo aquello que nos compone, que las experiencias de la infancia ya han marcado para bien o para mal lo que somos, suelen hacerse presentes pensamientos recurrentes y pesados sobre nosotros mismos. En una suerte de adolescencia casi superada que se mezcla con el comienzo de una adultez precaria, suelen llegar a nuestra mente las ideas más descabelladas y nocivas en torno a lo que sentimos con respecto a la propia persona.

“Permitimos que los aspectos negativos del pasado, los malos momentos que atravesamos con un integrante de nuestra familia o alguien que importaba mucho para nosotros, generen un peso mayor”.
Con la llegada de cierta edad, tanto en hombres como mujeres, la presencia de ciertas inseguridades o fortalezas se hace más notoria ante nuevos planteamientos de relaciones personales, laborales, familiares o sociales. Lo más común, entonces, es encontrar a personas que muy a pesar de su edad y decenas de vivencias estimables en su interior, no se sienten seguras con su aspecto físico o con su manera de hablar frente a las personas. O, en caso contrario pero de igual relevancia dañina, que creen que su comportamiento nunca es el adecuado o dudan mil y un veces sobre la pertinencia de algo que acaban de hacer.

¿Por qué? Simple. Permitimos que los aspectos negativos del pasado, los malos momentos que atravesamos con un integrante de nuestra familia o alguien que importaba mucho para nosotros, generen un peso mayor en cualquier cosa que atraviese nuestro actuar en el mundo. Como una herencia maldita a la que no nos podemos negar, las horribles impresiones de una frase destructiva o un desdén hiriente se guardan en lo más profundo del corazón para envenenar hasta el último rincón de nuestra anatomía susceptible.
Por lo tanto, es tiempo justo de dejar esos velos y cadenas atrás e iniciar un ejercicio autónomo para recobrar un amor propio que, quizá, perdimos hace muchos años en este juego de cimas y simas llamado “vida”. Plantémonos los siguientes cuestionamientos y veamos qué tan capaces somos de apreciar eso que nos conforma y hace genuinamente únicos.
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30. ¿Cuáles son mis pasiones?
29. ¿Cómo me ve la gente?
28. ¿Me importa cómo me ve la gente?
27. ¿Qué estaría haciendo ahora si el dinero no fuera primordial?

26. ¿El ingreso económico es realmente primordial?
25. ¿Por qué debería dar las gracias hoy?
24. ¿Soy feliz con la vida que tengo?
23. ¿Qué haría para mejorarla si hoy fuese mi último día con ella?

22. ¿Cuál es la película o el libro que no me importa repetir entre todas mis actividades?
21. ¿Recuerdo con orgullo lo que he hecho en el último año?
20. ¿Cuántas horas al día paso en actividades improductivas?
19. ¿Qué haría si pierdo todo lo que tengo?

18. ¿Cómo es que tomo las decisiones en mi vida, influyen más las circunstancias o quienes me rodean?
17. ¿Me gusta conocer a gente nueva?
16. ¿Suelo tener un miedo constante y está verdaderamente fundamentado?
No tiene sentido, por donde se le vea, continuar con una autoflagelación inútil que no está dirigiendo a ningún lado mas que a un desfiladero de irrealidades y mundos alternos que, en serio, nada tienen que ver con el que de hecho nos rodea.
15. ¿Me gusto al verme en un espejo? ¿Por qué?
14. ¿Soy una persona confiable?
13. ¿Cuándo fue la última vez que hice algo por genuina amabilidad?

12. ¿A quién salvaría en un barco que se está hundiendo? (Sólo 10 personas)
11. ¿A qué le temo de la vejez?
10. ¿Defiendo mis ideales y mis propias metas?
9. ¿Se siente amada por mí la gente que me rodea?

8. ¿En qué momentos suelo sentirme como la persona más feliz del mundo?
7. ¿Quién de entre toda la gente que conozco suele sacar lo mejor de mí?
6. ¿A quién le puedo confiar lo que sea?
5. ¿Acepto mis errores?

4. ¿Suelo desconfiar de las personas a mi alrededor?
3. ¿Evito discusiones o malos entendidos?
2. ¿Qué circunstancias me han hecho disfrutar plenamente de la vida?
1. ¿Hay alguien que me haga sentir en plenitud absoluta?

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Contestar estas preguntas no promete una solución inmediata si es que estamos atravesando por un mal momento, pero responder a conciencia todas las aristas y vértices que abre cada una de ellas, sí garantiza un cambio en nuestra mirada. Aunque sea un poco. Para seguir con estos ejercicios de autobúsqueda, puedes recurrir a las Preguntas sobre sexualidad que todos los jóvenes nos hacemos y 8 preguntas que debes responder para saber si estás feliz con la vida que tienes.

